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Gracias hijo, por saludarme.

Paseando por el parque de La Marina, encontré sentado a un solitario anciano esbozando una ligera y triste sonrisa en su rostro y,pese a no conocerle, me acerqué y le saludé..”Hola”. Y de sus tensos y temblorosos labios, su bronca voz pronunció…” Gracias hijo por saludarme”.

Me senté a su lado e iniciamos una conversación,y al poco me interesé por el motivo de su tristeza.
Tras unos segundos, empezó a contarme: “estoy aquí, día de mercadillo, recordando con tristeza, el que todos los miércoles, mi difunta mujer y yo veníamos a comprar, principalmente fruta”. 
Tras una pequeña pausa, continuó contándome, que hacía un año que había muerto y ahora me siento muy solo, hundido, como si su muerte hubiera sucedido ayer. Nada me consuela. Mi soledad es infinita.
Es como una tormenta de verano. Llega de repente y te arrolla. Al poco tiempo llega la soledad, convirtiéndose en un gran peso en el corazón. Y puede suceder que se pierda la esperanza, como es mi caso.
 
Tras encender un cigarro, y con la voz cada vez más entrecortada, continuó diciéndome que le resultaba muy difícil recordar otros momentos que no fuesen aquellos que cuando ella murió en sus brazos diciéndola una y otra vez ” Te amo, te amo, no estás sola, siempre estaré contigo, hasta que llegue mi muerte”. “Aún sigo llorando su ausencia y mi soledad”.
Después de un rato escuchándole, y muy a mi pesar, me tuve que ir. Al despedirme, me dio gran abrazo.
 
Desde ese día voy todos los miércoles al mercadillo a charlar con Mariano, mi nuevo amigo. En varios momentos consigo arrancarle alguna sonrisa, y con ello, aunque sea por poco tiempo, aliviar su dolor.

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1 comentario
  1. Rafael
    Rafael Dice:

    Muy bonito el relato y el detalle. Es curioso yo creo que soy una persona privilegiada tengo dos hijos con los que me llevo extradinariamente bien, tengo amigos con los que quedo a menudo y soy creo que una perdona bastante activa y sin embargo a veces pienso que puede existir la posibilidad que lo que le pasa a ese señor nos puede pasar a cualquiera, la soledad debe de ser muy dura, seguro que es muy dura. Muy bien por este joven que se sienta un rato los miercoles con Mariano

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