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“Aunque nos separen las montañas y los mares, todos estamos bajo la misma luna”

La revista de nacionalidad china, ChinaToday en español, ha publicado el artículo de un vecino de San Sebastián de los Reyes, Carlos de la Cal, en el que relata su experiencia personal ante esta crisis del coronavirus. Desde sus 70 años, confinado con su mujer y su suegra, sus hijos fuera de España, familiares infectados y desde su relación con China construye este relato. “Aunque nos separen las montañas y los mares, todos estamos bajo la misma luna”, este es título del artículo, cuyo contenido íntegro reproducimos a continuación desde Esloquehay.

“El impacto de la pandemia del COVID-19 en España, como en otros países de nuestro entorno, está teniendo graves consecuencias no sólo desde el punto de vista sanitario con miles de muertos, sino también desde el punto de vista económico y social. No me voy a detener en estos dramáticos efectos. Todos los días, múltiples analistas escriben y reflexionan sobre ello. Prefiero, sin embargo, describir mi experiencia personal y cómo ha afectado mis hábitos cotidianos.     
 
La nueva normalidad ante el coronavirus 
 
Tengo 70 años y estoy jubilado. Vivo con mi esposa y su madre, una anciana de 93 años. Tengo dos hijos trabajando fuera de España. El mayor en Gran Bretaña y el más pequeño en Bélgica. Los dos conocen, admiran y aman la cultura y la sociedad china. Han vivido y trabajado en Beijing y Shanghai. El pequeño vivió en esta ciudad siete años y habla chino. Por otra parte, mi domicilio en Madrid es desde hace años un lugar de encuentro de jóvenes estudiantes chinos que vienen a completar sus estudios universitarios en la Universidad de Madrid. Así mismo, mantenemos una excelente y amable relación con la comunidad china que reside aquí.                                     
 
Para controlar y frenar la expansión de la pandemia en España, el gobierno ha puesto en marcha un fuerte y rígido dispositivo de confinamiento de la población en sus hogares para reducir al máximo la movilidad y evitar los contagios. Esta cuarentena se inició el pasado 16 de marzo y durará como mínimo hasta el próximo 26 de abril. Por tanto, estoy encerrado en mi casa y sólo salgo dos o tres veces a la semana para comprar alimentos u otros bienes imprescindibles. Esto, lógicamente, ha supuesto para mi esposa y para mí un cambio radical en nuestra vida cotidiana. Mi esposa es la directora de un Instituto de Enseñanza Media al que acuden muchos hijos de familias chinas, que por cierto, fueron los primeros en abandonar las aulas antes del cierre oficial del centro. Sabían el riesgo de contagio de este virus. Ella sigue trabajando de forma remota desde casa. Yo he tenido que cancelar mis paseos habituales que hacía con un grupo de amigos dos o tres veces por semana. También hemos suprimido las visitas y encuentros con familiares y amigos. En general, nos hemos adaptado bastante bien a la nueva situación. Tengo un pequeño jardín y disfruto contemplando y escuchando a los pájaros y observando los brotes primaverales, las plantas y las flores. Desde mi infancia, en un pequeño pueblo agrícola, nunca había prestado tanta atención a estos sencillos placeres que nos brinda la naturaleza. También dedico bastante tiempo a la lectura y mantener vivo el contacto con familiares y amigos a través de WhatsApp. Esta situación de confinamiento forzoso también me ha permitido disfrutar de la soledad y reflexionar acerca de las cosas que son realmente importantes en la vida.                             
 
Hasta el momento nadie de mi extensa familia ha sido afectado por el virus, excepto mi cuñado, hermano de mi esposa. Es médico y trabaja en un hospital de Barcelona. Afortunadamente, después de una dura batalla, ha salido victorioso y hoy está fuera de peligro. Tanto en España como en China, el personal de la salud –médicos, enfermeras y auxiliares–, han tenido una actitud ejemplar y heroica. Algunos incluso han dado la vida, por lo que la sociedad estará eternamente agradecida. Todos los días, a las 20.00 horas, millones de españoles salimos a nuestros balcones y ventanas para aplaudir a estos profesionales.                                
 
Una mano solidaria desde China 
 
Esta pandemia nos ha pillado sin estar preparados. Nadie, ni las autoridades del gobierno ni los ciudadanos en general, creíamos que iba a llegar a España con esta capacidad devastadora. Durante el mes de febrero nos llegaban noticias de Wuhan, pero la mayoría pensábamos que no se extendería a la velocidad que lo ha hecho o que quedaría limitada al lejano oriente. Como consecuencia de esta falta de previsión, el sistema sanitario español que, en circunstancias normales, está considerado como uno de los mejores del mundo, se encontró que no tenía el material sanitario específico para hacer frente a esta pandemia: tests de detección del virus, ventiladores, equipos de protección y mascarillas. En consecuencia, las autoridades españolas se dirigieron al gobierno y a los fabricantes chinos para conseguir este material, junto a otra serie de países donde también se ha sentido la escasez.  
 
Afortunadamente, desde hace una semana han empezado a llegar aviones desde China cargados con estos preciados insumos. Incluso uno de mis hijos facilitó contactos para dicho fin. Gracias a la ayuda china, creo que hoy ya se ha superado la peor parte de esta emergencia. En este sentido, tanto Italia como España están profundamente agradecidas de la solidaridad desplegada por China, sobre todo al comprobar que la ayuda de sus pares de la Unión Europea no se materializó. Creo que el pueblo español está decepcionado con algunos de sus grandes colegas europeos como los alemanes y franceses, por lo que ahora esperamos que la UE active medidas de ayuda económica para hacer frente a las duras consecuencias sociales que esta pandemia está teniendo en los sectores más vulnerables.       
 
También confiamos y deseamos que China supere definitivamente esta pandemia, consiga lo antes posible una vacuna específica para este virus y empiece a activar con normalidad su sistema productivo. Esto será bueno para los chinos y para los españoles.                             
 
Una última reflexión: la humanidad se está enfrentando a una crisis mundial. La mayor crisis que he conocido a lo largo de mi vida. Las decisiones que tomen los gobiernos y los ciudadanos las próximas semanas moldearán el mundo de los próximos años. Como dice un filósofo español, “esta pandemia no es el fin del mundo pero será el fin de este mundo tal y como lo conocíamos hasta ahora”. Cuando esto termine, habrá muchas cosas nuevas. Espero y deseo que mis hijos y nietos disfruten de un futuro más solidario, más respetuoso con el medio ambiente, más cooperativo y más inclusivo”.                                 
 
Carlos de la Cal
 

 

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