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Carta a l@s héroes desconocid@s

Vosotras y vosotros que sois el riego sanguíneo de nuestro país, que mantenéis su respiración y palpito de cada día, quiero daros gracias a miles por vuestro enorme y generoso corazón, por mantener el pulso de todo un pueblo.

A vosotras y vosotros que trabajáis infatigablemente por salvar nuestras vidas, aun a riesgo de perder las vuestras, deciros que gracias, que muchísimas gracias por lo que estáis haciendo, que no hay nada más grande en el mundo entero, como lo que vosotras y vosotros hacéis en momentos tan difíciles.

En estas circunstancias que se pone en juego la vida de millones de seres humanos, vosotras y vosotros habéis dado un paso al frente y con él han revivido nuestras esperanzas. A los miles de mujeres y hombres que habéis dado ese paso, mi gratitud, y deciros que es algo que este pueblo nuca olvidará, y mientras viva personalmente llevaré vuestro gesto en mi corazón.

A las compañeras y compañeros de la sanidad, primera línea de esta batalla, a las enfermeras y auxiliares, médic@s, celador@s y limpiadoras que están dan todo lo que es posible por salvar vidas. A todas ellas y ellos mi más sincero reconocimiento, que sonará todos los días mientras esto dure y me aguanten las manos para aplaudir.

A los trabajadores y trabajadoras de los supermercados, a los de las fábricas de material sanitario, a los policías, los transportistas, soldados y servicios de limpieza, que también os habéis puesto al frente de esta guerra sin cuartel, gracias de todo corazón, porque ahora tenemos la seguridad de que en la gente de nuestro país se puede confiar.

A las que improvisáis mascarillas con cualquier cosa, a los que investigáis y desarrolláis ideas a toda prisa para salvar vidas, deciros que nos llenáis de orgullo y dignidad. A las personas que aun teletrabajando cuidan de los niños, a l@s que vais a vuestro puesto de trabajo para garantizar los servicios básicos, y a quienes están en las residencias cuidando con esmero de nuestros mayores, deciros que todas vosotras y vosotros sois el alma verdadera del país y los auténticos colores de su bandera.

A las mujeres y hombres, a los niños y niñas, a los abuelos y abuelas que todos los días salen a las ventanas, y con lágrimas en los ojos vitorean, cantan y aplauden a los hermanos, hermanas que están en la primera línea de esta cruenta batalla, mandarles unos abrazos que moralmente sirvan para darles fuerzas.

 

 

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