Polémica en el Archivo local de Sanse

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A pesar de que puede verse más abajo en la sección de comentarios, desde Esloquehay queremos transmitir las palabras de Miguel López al respecto;

Buenas tardes: después de una reunión mantenida esta misma mañana con el Sr. Concejal de Recursos Humanos y Organización, la cual hemos finalizado sobre las 13:30 horas, me ha mostrado la voluntad del Equipo de Gobierno para solucionar problema, quedando emplazados a mantener las acciones oportunas de cara a reconducir y finalizar el conflicto. Agradecer al Sr. Buenache su intervención”.

Enhorabuena y ánimo a los técnicos municipales y a Miguel por su trabajo!! 

…………………………………

Acaba el verano, acaban las fiestas de Sanse y empieza el nuevo curso político de septiembre, también en el Ayuntamiento de Sanse. Y, tal y como acabó antes del parón veraniego, vuelve el curso político a nuestro municipio con cierta polémica institucional, siguiendo con la tónica del mismo-anterior gobierno de la pasada legislatura, y poniendo el foco en este caso en otros funcionarios del Ayuntamiento. 

Parece ser que ahora le ha tocado “el pato” a nuestro archivo histórico local, que durante años dirigiera magistralmente nuestro actual Cronista Santiago y que actualmente está dirigido por Miguel López Sanz, que encabeza un magnífico equipo de trabajadores que, día a día, luchan por mantener intacta y recuperar los tesoros de nuestra memoria colectiva como pueblo centenario que somos. Sobre el actual conflicto entre el Ayuntamiento y el Archivo nos enteramos apenas hace unas horas, en un texto difundido por el Grupo de Archiveros Municipales de Madrid y firmado por el propio Miguel que, además, manifestaba su desencuentro con la actitud de ciertos concejales del actual consistorio durante las presentes fiestas de forma visible. 

Queremos dejar constancia, en palabras de Miguel, que el presente texto NO es un comunicado oficial ni de él como Jefe de Sección de Archivos ni del Archivo local de Sanse, si no simplemente un texto explicativo sobre la cronología del actual problema existente en el archivo local, y que reproducimos literal y textualmente para que todos los vecinos sean conscientes del conflicto existente;

 

“Durante mi ausencia (unos días de vacaciones que disfruté en julio), el Señor Concejal Delegado de Urbanismo, Vivienda, Obras, Servicios e Infraestructuras, Seguridad Ciudadana, Festejos y Turismo, a la sazón Primer Teniente de Alcalde y nombrado también Vicealcalde, anunciaba al Administrativo de Archivo (Juan Antonio, al que muchos conocéis), que el Equipo de Gobierno había decidido hacer una reestructuración de las dependencias del Edificio, y que las que tiene asignadas el Archivo Municipal ubicadas en la primera planta del edificio, destinadas a Sala de Investigadores, Biblioteca Técnica Auxiliar, Despacho de la Jefatura de Sección, y Despacho del Señor Cronista Oficial de la Ciudad, tienen que ser desmanteladas.

El día 5 de agosto, me reincorporo de mis vacaciones y pido explicaciones sobre esta medida a la Señora Concejala Delegada de Parques y Jardines y Servicios Generales (donde se incluyó al Archivo tras las elecciones municipales pasadas). Me manifiesta que ella no está del todo de acuerdo, pero que son decisiones del Vicealcalde y debe acatarlas. Ante esta situación me reúno con el Señor Vicealcalde y me transmite que la decisión está tomada y que no hay vuelta atrás.

Inmediatamente les remito un informe con suficientes argumentos, por los que no se debe desmantelar una Sala de Investigación como la de nuestro Archivo, avalado por la Memoria del Proyecto de Rehabilitación de este edificio, y para lo que fue concebido (Museo Etnográfico, Archivo y residualmente oficinas) y también les acompaño las Recomendaciones Técnicas sobre Instalaciones de Archivos redactadas por la Comunidad de Madrid, ademas de manifestarles mi desacuerdo con las formas empleadas para acometer medidas de este profundo calado; sin justificar, sin meditar, y sin una mínima base científica o jurídica. Todo lo cual, ademas, sin ofrecerme una alternativa loable, plausible y viable donde reubicar las actuales instalaciones descritas.

Al mismo tiempo solicito una reunión urgente con el Alcalde-Presidente, para tratar el tema, a la cual no me ha contestado.

Pero lo peor estaba por llegar. Días más tarde, recibo la visita del Señor Vicealcalde y me da órdenes tajantes para que en un plazo de dos días meta los 1300 volúmenes que componen la Biblioteca Auxiliar en cajas de cartón, y para que desmantele la Sala de Investigadores y los despachos descritos con anterioridad. Mi respuesta es negativa, y solicito que este planteamiento me lo hagan llegar por escrito, a los efectos de defenderlo donde proceda.

Asimismo, siguen sin ofrecer una alternativa digna a la reubicación de las instalaciones, ya que el primer lugar en que habían pensado ha sido descartado por el Arquitecto Municipal por cuestiones estructurales. Y la última ocurrencia es llevar todo lo descrito al porche porticado del patio que tiene el edificio y que usamos como muelle de descarga, previa obra de “adaptación”, para lo cual no existe proyecto ni dotación presupuestaria.

Ante esta tropelía organizativa, por las formas empleadas por esta autoridad más propias de siglos pasados, por el desprecio y la falta de consideración hacia los profesionales técnicos que desempeñamos nuestra labor y por el perjuicio que supone para el normal funcionamiento y los servicios que prestamos a la ciudadanía desde el Archivo Municipal, me he visto en la nada agradable tesitura de defender de la manera más amplia posible esta situación.

Miguel López Sanz. Jefe de Sección de Archivos. Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes”.

 

Ante tal escrito de Miguel, insistimos, que no es un comunicado oficial si no su explicación de la situación, desde Esloquehay nos manifestamos en nuestro indudable y total apoyo a Miguel, a los técnicos y funcionarios y a toda la familia que compone el Archivo Municipal de Sanse. Muchos de nosotros que hemos consultado y pasado horas de investigación en este lugar, joya y rincón imprescindible para salvaguardar la memoria e identidad colectiva de un municipio centenario como Sanse, sabemos de la importancia y del orgullo de contar con el archivo que contamos en Sanse, elogiado por numerosos archivos locales por su buena y eficiente organización, servicio y fondos guardados.

Esperemos que éste no sea un ataque de mayor calado al Archivo Municipal de Sanse, y que muy pronto el actual Equipo de Gobierno de Sanse pueda atender las demandas del Archivo Municipal y resolver este atropello contra un servicio, el del archivo local, que es tan necesario para entender quiénes somos y de dónde venimos.

Todo nuestro apoyo a Miguel, a los técnicos y al Archivo Municipal de Sanse, para que puedan seguir desempeñando con dignidad su trabajo cotidiano, como vienen haciendo desde años bajo gobiernos de diferentes colores y siglas con respeto y profesionalidad, y para que nuestro Archivo tenga la dignidad que merece.

 

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La Zaporra, recuerdo de un barrio con historia

El desarrollismo tardofranquista

La imagen que encabeza el artículo, una vieja placa aparentemente de mármol, ubicada y a duras penas distinguible entre la maleza en la fachada de una vieja casa baja humilde del barrio de la Zaporra, podría ser una imagen sin más, el nombre de una calle, como muchas otras placas de muchas calles y barrios de San Sebastián de los Reyes, Madrid o España.

Sin embargo, esta no es una placa más. Esta placa corresponde a una calle que ya no existe, recuerdo de un barrio que ha cambiado tanto que es ya difícil distinguirlo. Entre la maleza y agudizando la vista, se entrevé el nombre de Avenida de Barcelona, antiguo nombre original de la calle actual en la que está ubicada la placa y la vivienda, la actual Avenida Maximiliano Puerro del Tell. Esta placa y la casa en sí misma nos recuerda cómo y de qué manera, este pequeño barrio, ubicado antiguamente en el extrarradio de una ciudad del cinturón metropolitano del norte de Madrid, ha cambiado en los últimos 30 o 40 años, de ser un pequeño barrio alejado, abandonado y precario, a ser un barrio moderno, avanzado, transformado y conectado con los dos pueblos entre los cuales está encajado, Alcobendas y Sanse, con quienes comparte la totalidad de su alcance histórico.

La Zaporra, original y realmente nombrado Barrio de Nuestra Señora del Pilar de Alcobendas y de S.S. de los Reyes es una rara avis dentro de la historia de ambos núcleos urbanos, pero no lo es tanto en el momento y el contexto histórico en el que surge, fruto de la emigración interna masiva de los años 50 y 60 de la España franquista y fruto de la urbanización de trabajadores inmigrantes de toda España en los grandes núcleos urbanos de la entonces Provincia de Madrid.

Por aquel entonces, en la España de los años 50 y 60, la situación era muy diferente a la España actual. Nuestro país, fruto de una dura y cruenta guerra civil de tres años que dejó su huella y presencia en Alcobendas y Sanse, dejó paso a 10 años, los terribles y durísimos años 40, de carestías, hambruna, pobreza, aislamiento internacional y una dura reconstrucción humana y económica de un país devastado que tardaría años en recuperar la normalidad en sus calles y barrios.

Debido, además, a la cercanía del régimen franquista a las derrotadas potencias del eje en la guerra civil y mundial, nuestro país se vio sometido a un duro aislamiento internacional, siendo condenada al ostracismo por las vencedoras potencias del conflicto bélico, y viéndose obligada a reconstruir económicamente un país en posguerra en solitario, contando únicamente con sus propias fuerzas humanas y materiales y las pocas y escasas ayudas internacionales que, como las de la Argentina peronista, ofrecían su apoyo en mitad del veto internacional.

A esos terribles y duros años de la posguerra le siguió una etapa algo más favorable a partir de los años 50 y 60. El avance y desarrollo de la guerra fría entre el bloque capitalista occidental liderado por los Estados Unidos y el bloque socialista oriental liderado por la Unión Soviética encontró en la España franquista una pieza importante. Ubicado a mitad camino entre ambos bloques, el sesgo pro-occidental del régimen provocó que Estados Unidos fuera relajando el veto internacional contra el régimen a lo largo de los años 50.

Fruto de ello se inicia en los años 50 una apertura internacional del país; la ONU levanta el veto diplomático y la mayoría de las naciones occidentales envían sus embajadores a España, que integra la UNESCO y la ONU y especialmente inicia un acercamiento a los Estados Unidos, materializado en los acuerdos de las bases militares y en la visita del Presidente Eisenhower a la España franquista a finales de los años 50. Ello provoca una apertura no solo diplomática, si no también comercial que provoca un mayor desarrollo económico en nuestro país.

Es, precisamente, de la mano de este desarrollo económico e industrial del país en la época franquista, cuando se empieza a extender el desarrollo demográfico y urbanístico. Es, fundamentalmente a partir de los años 60 con los “Planes de Estabilización”, cuando se produce, gracias a la enorme emigración de las zonas rurales, un auge de la construcción, derivado de la especulación del suelo, desarrollado al calor del incremento del sector turismo y servicios en el país.

Para intentar distribuir la industria por el territorio se crearon “Polos de Desarrollo”, cuya localización contribuyó a crear una desigualdad entre regiones más desarrolladas y concentradas industrialmente (Madrid, este  Mediterráneo, País Vasco…) frente a otras que empezaron a quedarse rezagadas (ambas Castillas, Andalucía, Extremadura…), y fueron algunas ciudades y zonas, como los denominados cinturones industriales y urbanos en torno a la Provincia de Madrid, los que empiezan a absorber la ingente cantidad de emigración rural proveniente fundamentalmente de Extremadura, La Mancha o Andalucía, que a lo largo de los años 50-70 se desplaza en un éxodo rural campo-ciudad, para encontrar un futuro laboral próspero y trabajo en las grandes fábricas e industrias que empezaban a desarrollarse desde las fábricas de Alcobendas, Madrid o el cinturón rojo del sur de Madrid como Móstoles, Leganés o Getafe, que empiezan a desarrollarse no solo económicamente, si no también demográfica y urbanísticamente.

En el plano del urbanismo, durante los años 40 y 50, Madrid se convierte en la ciudad que es hoy, y poco a poco se anexiona municipios limítrofes (Chamartín, Carabancheles, Barajas, Hortaleza, Canillas, Canillejas, Aravaca, Vicálvaro, Fuencarral, Vallecas, El Pardo, Villaverde…) y se inicia, especialmente en la capital, una recuperación económica fruto de la ayuda internacional al régimen.

Sin embargo, se produjo un mayor crecimiento económico fruto de las reformas económicas y de los pactos comerciales con el extranjero, lo que provocó una polarización social  y de clase cada vez mayor. Se iba forjando a pasos agigantados, por un lado, una clase media y alta que se beneficiaba de las mejoras económicas y de la introducción del sector bancario, empresarial e industrial en el país, y una clase trabajadora, cada vez mayor y más empobrecida por el aumento de la llegada de personas migradas de otros puntos del país a los barrios obreros del norte y especialmente del sur de Madrid, debido al despegue económico que estaba viviendo ya en esos momentos la capital del estado.

Los barrios obreros del sur (desde Vallecas, Moratalaz y Carabanchel en Madrid, hasta las ciudades satélites del sur, como Alcorcón, Getafe, Móstoles, Leganés…)  y del norte (especialmente el caso de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes) de la Provincia de Madrid muy pronto empezaron a absorber a toda esa clase obrera y trabajadora nueva surgida con el desarrollo del capitalismo y de la industrialización que el régimen había ido introduciendo para ponerse a la altura de desarrollismo económico del resto de sus aliados occidentales.

Dentro de este desarrollo demográfico y urbanístico, destaca el caso de Alcobendas y Sanse, que en estas décadas de los años 50, 60 y 70 empiezan a dar el paso de ser los pueblos rurales pertenecientes al partido judicial de Colmenar Viejo, el gran núcleo urbano al norte de Madrid, a ser las grandes ciudades desarrolladas del área metropolitana en las que se acabaran convirtiendo a partir de los años 80 y 90.

En un artículo titulado “Los emigrantes de Madrid se quedan en la provincia” del Diario Ya en su edición del 19 de noviembre de 1977 se afirmaba a modo de resumen que;

Según los datos estadísticos al 31 de diciembre del pasado año, en Madrid entraron 10.331 inmigrantes, mientras que salieron 15.131 emigrantes. Es decir, que sobre la frialdad de los datos estadísticos, en Madrid se ha producido dentro del capítulo de emigración un descenso de 4.804 habitantes”.

Sin embargo, si en la ciudad de Madrid descendía el número de inmigrantes interiores, ¿a dónde se estaban marchando? La respuesta la da el artículo, afirmando que;

“Muchas personas que llegan a nuestra ciudad no se empadronan hasta que no han pasado incluso años, y también muchas de las que salieron de Madrid fueron a residir en los denominados pueblos dormitorios, manteniendo en nuestra ciudad su centro de trabajo y conservando los servicios que le eran habituales en ésta.

En cuanto a los destinos a que se dirige la población que sale de Madrid está encabezada por la provincia de Madrid, con 24.457 habitantes. Este es el destino de los 24.457 habitantes que desde Madrid se dirigen a zonas de la provincia: Móstoles, 5.681; Leganés, 4.737; Alcorcón, 3.337; Getafe, 2,257; Parla, 1.557; Coslada, 1.123, Alcalá de Henares, 1.054; Alcobendas, 976; Fuenlabrada, 673; Torrejón de Ardoz, 650; San Sebastián de los Reyes, 515; Pozuelo de Alarcón, 290; Pinto, 140; Arganda, 129; San Fernando de Henares. El resto de la población emigratoria de Madrid con destino a 1a provincia se ha distribuido así: 535 habitantes en distintos pueblos del Área Metropolitana, no citados, y 688 en otros pueblos del resto de la provincia”.

Es decir, que solamente entre los municipios de Alcobendas y Sanse, para finales de los años 70, sumaban un aumento de casi 1500 personas, excesivo para dos pequeños pueblos. Concretamente, en San Sebastián de los Reyes se registraba  un aumento de más de 500 personas  con destino a este municipio, que se refleja claramente en el espectacular ascenso de la población local durante aquellos años.  Esto lo recoge muy bien el cronista local Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse”, que señala cómo la población de Sanse pasa de poco más de 3.000 vecinos en 1960 a más de 15.000 en 1970 y a casi 40.000 en 1981, es decir, en este periodo que media entre 1960-1980, en unos 20 años, se produce un incremento espectacular de más de 30.000 vecinos. Parecido será el aumento de la vecina Alcobendas, que pasa de poco más de 3.000 vecinos en 1960 a poco más de 25.000 apenas 10 años después en 1970.

 

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Este auge, sin parangón en toda la historia local del municipio, tiene como explicación clara y evidente el auge de estos inmigrantes, procedentes de diversos puntos y lugares de la España rural que, durante los años 60 y 70, emigran masivamente a Madrid y los cinturones urbanos del norte y sur del área metropolitana, en ese éxodo campo-ciudad de finales del franquismo, fruto del auge de la industrialización, el desarrollo capitalista y el aumento del bienestar derivado del desarrollismo de la guerra fría, en la cual barrios obreros de pueblos como Sanse y Alcobendas tales  como “La Zaporra” acogieron a una gran parte de esa población emigrante que vivía en condiciones precarias.

 

  • La Zaporra; orígenes y gestación de un barrio trabajador al norte de Madrid

Es, precisamente, en esos años 60 y 70, cuando surgen barrios nuevos en poblaciones como Carabanchel, Moratalaz, Vallecas o las mencionadas Alcobendas y S.S. de los Reyes que ven cómo, en estos años, y fruto de esta emigración interna española, desarrolla un nuevo espacio demográfico y geográfico, inicialmente de infravivienda o de viviendas precarias en barrios y zonas precarias como es la citada Zaporra, una extensa área geográfica a caballo entre ambas poblaciones, denominada realmente Barrio de Nuestra Señora del Pilar y ubicada geográficamente en una elevación denominada el Cerro del Tambor, como señala Izquierdo.

Sin embargo, popularmente y desde sus inicios, esta zona ubicada en las afueras de ambos municipios será denominada popularmente como La Zaporra, debido a diversas teorías. Según Julián Caballero Aguado en su “Historias del antiguo Alcobendas”, “zaporra” podría venir derivado, o bien de la palabra “saburra” (arena),   bien  de la palabra “zaborra” (barro) e incluso encuentra ecos en la palabra vasca “zaporra” (planta acuática que encontraría coherencia con arroyos que había en esa misma zona), mientras que Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse” o Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López en su trabajo “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad” encuentran el origen del topónimo relacionado con “cepa”, debido a las antiguas plantaciones y cepas de viñedos que cubrían el cerro y los terrenos donde posteriormente se ubicaría el nuevo barrio.

Así, y una vez llegadas las nuevas oleadas de migrantes internos, y ante la falta de espacio en los núcleos urbanos de ambos municipios, a lo largo de los años 60 y 70 se empiezan a erigir las primeras casas precarias en un barrio y una zona que, en aquellos años, era un enorme erial, un enorme campo no urbanizado, sin servicios de ningún tipo, con materiales precarios y alejado de los núcleos urbanos de ambos municipios, que les hacían vivir en una situación inicial de marginalidad y precariedad absoluta.

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Ello, como es lógico, da lugar a que en los primeros años 60 y 70 el barrio y sus vecinos, la mayoría de ellos migrantes procedentes de la España rural, se vean forzados a vivir en condiciones precarias que son bien reflejadas en la prensa de la época y en los pocos estudios profundos que se han elaborado del tema, especialmente el mencionado  trabajo “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad” de Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López.

En lo relativo a la prensa, destaca, por ejemplo, el periódico vecino Nuevo Alcobendas, creado por el padre Camón de San Lesmes de Alcobendas, que en su número 4 de 1971 publica un artículo de Matilde Barrio titulado “Una visita a la Zaporra”, donde se dice;

“¿Sabéis dónde está La Zaporra? Yo sí, he ido muchas veces, unas con sol, otras con frío y otras con barro hasta los tobillos, pero eso no me importa, pues pienso que los que allí viven tienen que hacer el mismo recorrido desde Alcobendas y quizá varias veces al día.

Y sigo yendo. Me interesan las personas que forman La Zaporra. He hablado con muchas de ellas y me han contado. La mayoría de ellos han venido de las zonas de Andalucía y Extremadura. Han comprado o alquilado una casa en La Zaporra o han conseguido una parcela algo más barata que en Madrid y la han construido ellos mismos sacrificando sus ratos libres y sus domingos.

Y digo sacrificando porque creo que es muy duro trabajar en la obra todos los días, de sol a sol y tener que seguir haciendo lo mismo en sus ratos de ocio, en vez de distraerse en otras cosas. Son muy trabajadores, no pueden ser de otra forma, si quieren sacar a su familia adelante. La vida es dura para ellos y hay que usar todos los medios al alcance para poder ir tirando. Por eso, las mujeres de La Zaporra van a hacer horas, fuera de casa, aun a costa de dejar a sus hijos abandonados porque no hay suficientes plazas en los colegios, o la guardería les parece demasiado cara.

Cuando fui por primera vez allí vi que el agua que usaban era de pozo. Han conseguido algo ya: tres fuentes.  Aunque es pesado tener que cargar constantemente con los cubos, creo es mejor que no tener la desconfianza de si el agua de los pozos es potable o no lo es. Pero creo además, que tienen intención de conseguir algo más: tener agua corriente en casa. ¿Se hará realidad su sueño algún día? En sus manos está el obtenerlo, ya que no en sus escasos medios económicos.

También me han contado que en su pueblo les iba a visitar el médico cuando estaban enfermos y que aquí, en La Zaporra, tienen que ir a buscarle a Alcobendas, en caso de emergencia, pues si se le avisa por teléfono se corre el riesgo de que no sepa encontrar la casa donde vive su paciente, pues algunas de las calles no tienen nombre y la numeración está hecha de forma confusa. Ellos esperan que algún día La Zaporra tenga su médico, y muchas cosas más: comercios, farmacias, iglesia, dispensarios, locales de reunión…Esto ha sido lo que yo he visto en La Zaporra. Creo que no es poco”.

Llama profundamente la atención la descripción que de La Zaporra hace la autora, que describe la realidad de este barrio en el extrarradio alcobendense y sansero casi como un viaje misionero al tercer mundo subdesarrollado, con carencias de todo tipo, subdesarrollo, precariedad, miseria y desatención, y sin embargo, esta describiendo el que a día de hoy es un barrio más a caballo de los dos municipios.

 

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En el ABC del 28 de agosto de 1973 aparece una entrevista al entonces alcalde de San Sebastián de los Reyes, señor Felipe Laporta, en el que reconoce los problemas y carencias de este barrio precario, describiendo las actuaciones necesarias a efectuar, tales como “…la pavimentación de los barrios de La Zaporra y Praderón, con su red de alcantarillado”.

En el mismo diario de ABC, del 11 de octubre de 1974 surge otro artículo muy descriptivo de la precariedad local, firmado por Antonio de Obregón  en el que afirma;

“La Zaporra, a quince kilómetros de Madrid, es una madeja difícil de desenredar, lo que corresponde a los Ayuntamientos de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, y al Área Metropolitana.

Más de mil familias, cinco mil personas, ruegan, solicitan, escriben cartas, curan instancias con relación a su barrio, que carece de colegios, de transportes, de asistencia médica. La Zaporra, dicen que se construyó sin licencia de nadie y al parecer sin proyecto alguno.

Ahora todo se acumula. Muy pocas plazas de enseñanza gratuita, falta de profesores, calles sin pavimentar, luz escasa, cuestiones de competencia  y de jurisdicciones. En un escrito al alcalde del mencionado pueblo los vecinos decían; no se puede vivir eternamente entre barro y entre polvo, queremos que el transporte público pueda llegar al barrio, queremos un barrio dotado de los más elementales servicios urbanos.

Cuando se realizan obras de urbanización, tan deseadas, los vecinos se quejan de la desmesurada altura de la rasante de la calle, que priva de iluminación y ventilación a los pisos bajos, ya que en algunos tramos queda la calle casi a dos metros por encima de la cota de acceso a las viviendas”.

En una última editorial del periódico Nuevo Alcobendas de finales de los años 70 titulada La Zaporra, aun se afirmaba al respecto del barrio que;

“Hace años surgió en formas más bien anárquica esta iniciativa de edificar viviendas, con frecuencia unifamiliares, al menos en la parte de Alcobendas, en esa zona norte de nuestros pueblos. La falta de planificaciones previas y de planes urbanísticos repercutió en un excesivo margen a la iniciativa de los particulares que habían adquirido las parcelas y se habían ido construyendo sus casas.

Como consecuencia de todo ello, apareció un núcleo residencial con ausencia de alineaciones racionales en las calles, con rasantes excesivamente alterados y con otra serie de inconvenientes de todo tipo. No tuvieron durante muchos años los más elementales medios de vida humana (agua corriente, iluminación viaria, atenciones sanitarias, docentes, religiosas…) y todavía siguen arrastrando una serie de limitaciones, especialmente en orden a la urbanización del barrio.

Las especiales características impiden una acción decisiva de recuperación total sin condicionarlo a un plan parcial general que necesariamente tiene que afectar a los derechos adquiridos por unos vecinos en situación económica modesta, cuyas viviendas, construidas siempre con gran sacrificio, corre peligro  de sufrir limitaciones de espacio y de piqueta”.

También en el libro mencionado de Arribas Sandonís y Cancho López se afirma que;

“Los primeros ocupantes del barrio se encontraban con un estado de marginación urbanística además de social. Por un lado, la lejanía del entorno urbano llevaba a las situaciones más terribles de aislamiento para todos los servicios. Desplazarse a través de barrizales hasta la parada del autobús de Madrid, o carecer de electricidad hasta bien entrados los años 60 se sumaba a las difíciles condiciones de habitabilidad.

Por otro lado, este aislamiento, acompañado de la marginación social, que llevaba a ciertos servicios públicos a negarse a acceder a La Zaporra: había que bajar a la antigua oficina de Correos a por el servicio postal, o arrancar de su asiento a determinados médicos para que atendiesen casos en el barrio”.

Como afirman en el documental “La Zaporra, seña de identidad” de Norte visión varios vecinos del barrio;

Era un barrizal, todo era barro. No había nada sanitario, ni alcantarillado y la única manera que había  de hacer las reclamaciones al Ayuntamiento era uniéndose”.

 

  • El esfuerzo colectivo para sacar adelante un barrio

Poco a poco, sin embargo, a lo largo de los duros años 60 y 70, el barrio va transformándose y los servicios van llegando difícil y lentamente a un barrio precario y marginal compartido por ambos ayuntamientos, aunque desde luego ello no fuese ni fácil ni gratuitamente.

Los zaporranos, como al parecer se les denominaba despectivamente, tuvieron que ingeniárselas como pudieron, ejerciendo una enorme red de solidaridad y apoyo inter comunitario y especialmente a través de las asociaciones y grupos de presión vecinales para apelar a las autoridades locales y de Madrid para adecentar y dignificar sus barrios. Fueron los duros años de presión social, lucha vecinal y apoyo colectivo como único remedio y receta para abandonar el estado de marginalidad social y desabastecimiento total que padecían.

Así lo afirma el ya mencionado editorial del Nuevo Alcobendas sobre el barrio;

“En defensa de los intereses particulares de los vecinos han surgido plausibles organizaciones, que ha luchado y siguen luchando con tesón. En repetidas ocasiones han obtenido audiencia en los medios de difusión, especialmente en la prensa y han conseguido también una atención muy concreta del Área Metropolitana”.

Como indican nuevamente Sandonís y López;

“Los mecanismos de defensa  de los primeros ocupantes fueron la creación de relaciones de confianza y amistad, alrededor de núcleos básicos de funcionamiento del barrio (el bar, las monjas…) y que forzarían la existencia de un núcleo de resistencia vecinal.

En la clandestinidad más absoluta, los vecinos con talante más dispuesto iban pasando a la organización, en la que se habían esparcido las formas políticas más de izquierda de los años finales de la dictadura. La ORT tenía representantes en el barrio (incluso algunas de las monjas), la militancia del PCE era igual de importante en el tejido social de La Zaporra. Se llegó entonces a la constitución de la asociación de vecinos del barrio trabando las dos áreas de La Zaporra para 1972”.

 

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En la propia página web de la Asociación de Vecinos de La Zaporra hablan así de sus orígenes;

“La historia de la A.A. V.V. de La Zaporra, está directamente ligada a la creación del barrio del mismo nombre, allá por el final de los años 60. Fueron un grupo reducido de gente, hombres y mujeres, procedentes de distintos lugares de la geografía española, que eligieron asentarse en este lugar, creando un barrio que ellos mismos con su esfuerzo y abnegación, fueron mejorando y dotando de servicios.

El barrio comenzó a asentarse en una zona de viñas, cuyos dueños deciden vender, en pequeñas parcelas, de unos 200 m2, a aquellos primeros emigrantes. Con un esfuerzo digno de admiración, después de terminar sus agotadoras jornadas de trabajo, emplean sábados, domingos, fiestas y cualquier tiempo libre, en levantar sus propios hogares, con sus propias manos y con la ayuda de familiares, amigos y vecinos.

La carencia de servicios básicos para el desarrollo del barrio, da pie para que un grupo de vecinos, en su afán por reivindicar sus derechos fundamentales, decida constituir una asociación de vecinos, para desde ella tratar de resolver las carencias existentes en el año 1972, una vez legalizada”.

Además de las redes sociales internas y la poca ayuda que les llegaba desde el exterior, los vecinos de La Zaporra contaron ocasionalmente con algunos apoyos locales, específicamente en Alcobendas, donde sus problemáticas específicas llegaron a encontrar en los años 70 un potente altavoz en la figura del ya mencionado periódico Nuevo Alcobendas y especialmente en la figura del conocido Padre Camón.

Existió en el tardofranquismo un claro compromiso de ciertos sacerdotes con inquietudes sociales que en los barrios obreros del Madrid de la época desplegaron una intensa campaña de apoyo a los más desfavorecidos y de los disidentes dentro del franquismo; el famoso Padre Llanos en el Pozo, el Padre Mariano Gamo en  Moratalaz y el menos conocido  Padre José Antonio García Camón en Alcobendas.

El caso del Padre Camón es otro ejemplo prototípico de sacerdote concienciado con los problemas sociales de una barriada humilde y obrera que, primero tímidamente y luego de una forma más abierta, se enfrenta desde su púlpito, en este caso de la Iglesia de San Lesmes de Alcobendas, y además en su caso concreto desde las hojas de un periódico municipal editado por él mismo, el “Nuevo Alcobendas”, a las desigualdades e injusticias sociales que él veía a su alrededor.

Camón, a finales de los años 50, pasa al Seminario Conciliar de Madrid (a escasos metros del Palacio Real) donde se ordena sacerdote. Poco después, en 1964-1965 es destinado a Cenicientos y en torno a 1968 pasa a Alcobendas. Allí, según informa el investigador local Julián Caballero en su “Historia de Alcobendas”, el Padre Camón se hace cargo de la recién creada Iglesia de San Lesmes desde 1970 hasta su muerte en 1991. En esos poco más de veinte años, Camón se convierte en una auténtica referencia para los sectores populares, excluidos y para los perseguidos por el régimen franquista, fundamentalmente a través de dos labores: la acogida y refugio de huelguistas y opositores clandestinos antifranquistas de la localidad (a través de asambleas y reuniones clandestinas de organización), según informa el párroco local Pedro Tortosa, y la denuncia de las injusticias sociales desde su periódico “Nuevo Alcobendas” (publicado entre 1971-1977), durante la alcaldía de Tomás Páramo y Julián Baena.

El periódico tenía varias secciones dedicadas a historia local, cultura, festejos, deportes, vida religiosa y varias secciones de opinión  y análisis político, económico y social, donde se daba una opinión clara de la situación del pueblo y del país. Ya en su primera editorial se denunciaba la dificultad de “entablar diálogo sobre problemas comunes”.

En sus seis años de existencia, desde sus páginas, se hicieron eco denuncias (cada vez más abiertas a medida que se producía el final del régimen y, ya abiertamente demócratas a partir de 1975) como las crecientes desigualdades sociales, la especulación urbanística, la falta de iglesias, la falta de servicios sociales, el paro, la conflictividad y los problemas laborales,  en sus dos últimos años se informaba abiertamente sobre huelgas y manifestaciones, se daba voz a los actos y manifiestos de los partidos y sindicatos de la oposición democrática, como PSOE, CNT, PCE o grupos feministas, y especialmente se trató  la desatención de determinados barrios locales como el caso ya visto de La Zaporra, al que se dedicaron varios artículos y análisis de denuncia de sus precarias condiciones de vida, como afirma en el documental “La Zaporra, seña de identidad” de Norte visión una vecina del barrio; “…la Parroquia de San Lesmes ayudó mucho a la gente de La Zaporra. Puso un despacho de abogados laboralista para que la gente fuera”.

Sin duda, esta demarcación hacia la izquierda antifranquista en los últimos años del periódico, y su relación con los grupos clandestinos en San Lesmes motivaron que se dejara de inyectar dinero en el periódico y que, ya para diciembre de 1977, desapareciera definitivamente, si bien el Padre Camón seguiría desde su iglesia y su despacho atendiendo a las necesidades sociales de su barrio hasta su muerte.

Poco a poco, la presión de las asociaciones y grupos vecinales, de la prensa local y la consolidación lenta y progresiva del proceso democrático provocó que éste y otros barrios desabastecidos fueran siendo atendidos y se inyecta dinero de los consistorios locales para elevar las condiciones de vida e infraestructuras del barrio; en el ABC del 18 de octubre de 1978 se recoge una inyección del Ayuntamiento de Alcobendas de nada menos que 116.768.148,50 pesetas para urbanización del barrio de La Zaporra, ampliado nuevamente en el ABC del 2 de enero de 1999, con otra inyección de 100 millones de pesetas del consistorio alcobendense para remodelación del barrio.

 

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Con el paso del tiempo, La Zaporra fue derivando lentamente y el barrio se transformó de un enorme barrizal alejado del centro urbano, desabastecido, desatendido e ignorado por las administraciones locales y provinciales a un barrio más, moderno e integrado en la trama urbana de ambos municipios, aunque sin perder su identidad obrera. La construcción a lo largo de los años 90 en las inmediaciones de La Zaporra de infraestructuras y edificios tales como el Ayuntamiento y los juzgados de Alcobendas, el Centro de Especialidades, y en la parte vecina del Centro Socio Cultural Claudio Rodríguez, la Comisaria de Policía Nacional o el Cercanías de Alcobendas-SSReyes revalorizó considerablemente la zona y la dotó de los servicios de los que careció durante décadas.

A día de hoy, La Zaporra, al igual que otros barrios obreros de Carabanchel, Vallecas, Moratalaz o el cinturón sur de Madrid, supone un éxito de integración y un ejemplo de cómo, por el tesón, el trabajo y el esfuerzo diario, se puede integrar y elevar el nivel social, respetando, aun a costa de sacrificar parte de las tramas urbanas originales, la identidad de los barrios.

Fuentes

-Archivo Linz de la Transición.

-Archivo histórico local de Alcobendas. Sección “Nuevo Alcobendas”.

-Hemeroteca ABC.

-Santiago Izquierdo. “Episodios de la Historia de Sanse I y II”.

-Julián Caballero Aguado. “Historias del antiguo Alcobendas”.

-Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López. “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad”.

-Documental “La Zaporra, seña de identidad”. Nortevisión.

-Documental “El cura periodista que acogía antifranquistas en Alcobendas”. Nortevisión.

-Página web de la Asociación de Vecinos de La Zaporra.

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La Zaporra, recuerdo de un barrio con historia

El desarrollismo tardofranquista

La imagen que encabeza el artículo, una vieja placa aparentemente de mármol, ubicada y a duras penas distinguible entre la maleza en la fachada de una vieja casa baja humilde del barrio de la Zaporra, podría ser una imagen sin más, el nombre de una calle, como muchas otras placas de muchas calles y barrios de San Sebastián de los Reyes, Madrid o España.

Sin embargo, esta no es una placa más. Esta placa corresponde a una calle que ya no existe, recuerdo de un barrio que ha cambiado tanto que es ya difícil distinguirlo. Entre la maleza y agudizando la vista, se entrevé el nombre de Avenida de Barcelona, antiguo nombre original de la calle actual en la que está ubicada la placa y la vivienda, la actual Avenida Maximiliano Puerro del Tell. Esta placa y la casa en sí misma nos recuerda cómo y de qué manera, este pequeño barrio, ubicado antiguamente en el extrarradio de una ciudad del cinturón metropolitano del norte de Madrid, ha cambiado en los últimos 30 o 40 años, de ser un pequeño barrio alejado, abandonado y precario, a ser un barrio moderno, avanzado, transformado y conectado con los dos pueblos entre los cuales está encajado, Alcobendas y Sanse, con quienes comparte la totalidad de su alcance histórico.

La Zaporra, original y realmente nombrado Barrio de Nuestra Señora del Pilar de Alcobendas y de S.S. de los Reyes es una rara avis dentro de la historia de ambos núcleos urbanos, pero no lo es tanto en el momento y el contexto histórico en el que surge, fruto de la emigración interna masiva de los años 50 y 60 de la España franquista y fruto de la urbanización de trabajadores inmigrantes de toda España en los grandes núcleos urbanos de la entonces Provincia de Madrid.

Por aquel entonces, en la España de los años 50 y 60, la situación era muy diferente a la España actual. Nuestro país, fruto de una dura y cruenta guerra civil de tres años que dejó su huella y presencia en Alcobendas y Sanse, dejó paso a 10 años, los terribles y durísimos años 40, de carestías, hambruna, pobreza, aislamiento internacional y una dura reconstrucción humana y económica de un país devastado que tardaría años en recuperar la normalidad en sus calles y barrios.

Debido, además, a la cercanía del régimen franquista a las derrotadas potencias del eje en la guerra civil y mundial, nuestro país se vio sometido a un duro aislamiento internacional, siendo condenada al ostracismo por las vencedoras potencias del conflicto bélico, y viéndose obligada a reconstruir económicamente un país en posguerra en solitario, contando únicamente con sus propias fuerzas humanas y materiales y las pocas y escasas ayudas internacionales que, como las de la Argentina peronista, ofrecían su apoyo en mitad del veto internacional.

A esos terribles y duros años de la posguerra le siguió una etapa algo más favorable a partir de los años 50 y 60. El avance y desarrollo de la guerra fría entre el bloque capitalista occidental liderado por los Estados Unidos y el bloque socialista oriental liderado por la Unión Soviética encontró en la España franquista una pieza importante. Ubicado a mitad camino entre ambos bloques, el sesgo pro-occidental del régimen provocó que Estados Unidos fuera relajando el veto internacional contra el régimen a lo largo de los años 50.

Fruto de ello se inicia en los años 50 una apertura internacional del país; la ONU levanta el veto diplomático y la mayoría de las naciones occidentales envían sus embajadores a España, que integra la UNESCO y la ONU y especialmente inicia un acercamiento a los Estados Unidos, materializado en los acuerdos de las bases militares y en la visita del Presidente Eisenhower a la España franquista a finales de los años 50. Ello provoca una apertura no solo diplomática, si no también comercial que provoca un mayor desarrollo económico en nuestro país.

Es, precisamente, de la mano de este desarrollo económico e industrial del país en la época franquista, cuando se empieza a extender el desarrollo demográfico y urbanístico. Es, fundamentalmente a partir de los años 60 con los “Planes de Estabilización”, cuando se produce, gracias a la enorme emigración de las zonas rurales, un auge de la construcción, derivado de la especulación del suelo, desarrollado al calor del incremento del sector turismo y servicios en el país.

Para intentar distribuir la industria por el territorio se crearon “Polos de Desarrollo”, cuya localización contribuyó a crear una desigualdad entre regiones más desarrolladas y concentradas industrialmente (Madrid, este  Mediterráneo, País Vasco…) frente a otras que empezaron a quedarse rezagadas (ambas Castillas, Andalucía, Extremadura…), y fueron algunas ciudades y zonas, como los denominados cinturones industriales y urbanos en torno a la Provincia de Madrid, los que empiezan a absorber la ingente cantidad de emigración rural proveniente fundamentalmente de Extremadura, La Mancha o Andalucía, que a lo largo de los años 50-70 se desplaza en un éxodo rural campo-ciudad, para encontrar un futuro laboral próspero y trabajo en las grandes fábricas e industrias que empezaban a desarrollarse desde las fábricas de Alcobendas, Madrid o el cinturón rojo del sur de Madrid como Móstoles, Leganés o Getafe, que empiezan a desarrollarse no solo económicamente, si no también demográfica y urbanísticamente.

En el plano del urbanismo, durante los años 40 y 50, Madrid se convierte en la ciudad que es hoy, y poco a poco se anexiona municipios limítrofes (Chamartín, Carabancheles, Barajas, Hortaleza, Canillas, Canillejas, Aravaca, Vicálvaro, Fuencarral, Vallecas, El Pardo, Villaverde…) y se inicia, especialmente en la capital, una recuperación económica fruto de la ayuda internacional al régimen.

Sin embargo, se produjo un mayor crecimiento económico fruto de las reformas económicas y de los pactos comerciales con el extranjero, lo que provocó una polarización social  y de clase cada vez mayor. Se iba forjando a pasos agigantados, por un lado, una clase media y alta que se beneficiaba de las mejoras económicas y de la introducción del sector bancario, empresarial e industrial en el país, y una clase trabajadora, cada vez mayor y más empobrecida por el aumento de la llegada de personas migradas de otros puntos del país a los barrios obreros del norte y especialmente del sur de Madrid, debido al despegue económico que estaba viviendo ya en esos momentos la capital del estado.

Los barrios obreros del sur (desde Vallecas, Moratalaz y Carabanchel en Madrid, hasta las ciudades satélites del sur, como Alcorcón, Getafe, Móstoles, Leganés…)  y del norte (especialmente el caso de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes) de la Provincia de Madrid muy pronto empezaron a absorber a toda esa clase obrera y trabajadora nueva surgida con el desarrollo del capitalismo y de la industrialización que el régimen había ido introduciendo para ponerse a la altura de desarrollismo económico del resto de sus aliados occidentales.

Dentro de este desarrollo demográfico y urbanístico, destaca el caso de Alcobendas y Sanse, que en estas décadas de los años 50, 60 y 70 empiezan a dar el paso de ser los pueblos rurales pertenecientes al partido judicial de Colmenar Viejo, el gran núcleo urbano al norte de Madrid, a ser las grandes ciudades desarrolladas del área metropolitana en las que se acabaran convirtiendo a partir de los años 80 y 90.

En un artículo titulado “Los emigrantes de Madrid se quedan en la provincia” del Diario Ya en su edición del 19 de noviembre de 1977 se afirmaba a modo de resumen que;

Según los datos estadísticos al 31 de diciembre del pasado año, en Madrid entraron 10.331 inmigrantes, mientras que salieron 15.131 emigrantes. Es decir, que sobre la frialdad de los datos estadísticos, en Madrid se ha producido dentro del capítulo de emigración un descenso de 4.804 habitantes”.

Sin embargo, si en la ciudad de Madrid descendía el número de inmigrantes interiores, ¿a dónde se estaban marchando? La respuesta la da el artículo, afirmando que;

“Muchas personas que llegan a nuestra ciudad no se empadronan hasta que no han pasado incluso años, y también muchas de las que salieron de Madrid fueron a residir en los denominados pueblos dormitorios, manteniendo en nuestra ciudad su centro de trabajo y conservando los servicios que le eran habituales en ésta.

En cuanto a los destinos a que se dirige la población que sale de Madrid está encabezada por la provincia de Madrid, con 24.457 habitantes. Este es el destino de los 24.457 habitantes que desde Madrid se dirigen a zonas de la provincia: Móstoles, 5.681; Leganés, 4.737; Alcorcón, 3.337; Getafe, 2,257; Parla, 1.557; Coslada, 1.123, Alcalá de Henares, 1.054; Alcobendas, 976; Fuenlabrada, 673; Torrejón de Ardoz, 650; San Sebastián de los Reyes, 515; Pozuelo de Alarcón, 290; Pinto, 140; Arganda, 129; San Fernando de Henares. El resto de la población emigratoria de Madrid con destino a 1a provincia se ha distribuido así: 535 habitantes en distintos pueblos del Área Metropolitana, no citados, y 688 en otros pueblos del resto de la provincia”.

Es decir, que solamente entre los municipios de Alcobendas y Sanse, para finales de los años 70, sumaban un aumento de casi 1500 personas, excesivo para dos pequeños pueblos. Concretamente, en San Sebastián de los Reyes se registraba  un aumento de más de 500 personas  con destino a este municipio, que se refleja claramente en el espectacular ascenso de la población local durante aquellos años.  Esto lo recoge muy bien el cronista local Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse”, que señala cómo la población de Sanse pasa de poco más de 3.000 vecinos en 1960 a más de 15.000 en 1970 y a casi 40.000 en 1981, es decir, en este periodo que media entre 1960-1980, en unos 20 años, se produce un incremento espectacular de más de 30.000 vecinos. Parecido será el aumento de la vecina Alcobendas, que pasa de poco más de 3.000 vecinos en 1960 a poco más de 25.000 apenas 10 años después en 1970.

 

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Este auge, sin parangón en toda la historia local del municipio, tiene como explicación clara y evidente el auge de estos inmigrantes, procedentes de diversos puntos y lugares de la España rural que, durante los años 60 y 70, emigran masivamente a Madrid y los cinturones urbanos del norte y sur del área metropolitana, en ese éxodo campo-ciudad de finales del franquismo, fruto del auge de la industrialización, el desarrollo capitalista y el aumento del bienestar derivado del desarrollismo de la guerra fría, en la cual barrios obreros de pueblos como Sanse y Alcobendas tales  como “La Zaporra” acogieron a una gran parte de esa población emigrante que vivía en condiciones precarias.

 

  • La Zaporra; orígenes y gestación de un barrio trabajador al norte de Madrid

Es, precisamente, en esos años 60 y 70, cuando surgen barrios nuevos en poblaciones como Carabanchel, Moratalaz, Vallecas o las mencionadas Alcobendas y S.S. de los Reyes que ven cómo, en estos años, y fruto de esta emigración interna española, desarrolla un nuevo espacio demográfico y geográfico, inicialmente de infravivienda o de viviendas precarias en barrios y zonas precarias como es la citada Zaporra, una extensa área geográfica a caballo entre ambas poblaciones, denominada realmente Barrio de Nuestra Señora del Pilar y ubicada geográficamente en una elevación denominada el Cerro del Tambor, como señala Izquierdo.

Sin embargo, popularmente y desde sus inicios, esta zona ubicada en las afueras de ambos municipios será denominada popularmente como La Zaporra, debido a diversas teorías. Según Julián Caballero Aguado en su “Historias del antiguo Alcobendas”, “zaporra” podría venir derivado, o bien de la palabra “saburra” (arena),   bien  de la palabra “zaborra” (barro) e incluso encuentra ecos en la palabra vasca “zaporra” (planta acuática que encontraría coherencia con arroyos que había en esa misma zona), mientras que Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse” o Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López en su trabajo “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad” encuentran el origen del topónimo relacionado con “cepa”, debido a las antiguas plantaciones y cepas de viñedos que cubrían el cerro y los terrenos donde posteriormente se ubicaría el nuevo barrio.

Así, y una vez llegadas las nuevas oleadas de migrantes internos, y ante la falta de espacio en los núcleos urbanos de ambos municipios, a lo largo de los años 60 y 70 se empiezan a erigir las primeras casas precarias en un barrio y una zona que, en aquellos años, era un enorme erial, un enorme campo no urbanizado, sin servicios de ningún tipo, con materiales precarios y alejado de los núcleos urbanos de ambos municipios, que les hacían vivir en una situación inicial de marginalidad y precariedad absoluta.

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Ello, como es lógico, da lugar a que en los primeros años 60 y 70 el barrio y sus vecinos, la mayoría de ellos migrantes procedentes de la España rural, se vean forzados a vivir en condiciones precarias que son bien reflejadas en la prensa de la época y en los pocos estudios profundos que se han elaborado del tema, especialmente el mencionado  trabajo “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad” de Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López.

En lo relativo a la prensa, destaca, por ejemplo, el periódico vecino Nuevo Alcobendas, creado por el padre Camón de San Lesmes de Alcobendas, que en su número 4 de 1971 publica un artículo de Matilde Barrio titulado “Una visita a la Zaporra”, donde se dice;

“¿Sabéis dónde está La Zaporra? Yo sí, he ido muchas veces, unas con sol, otras con frío y otras con barro hasta los tobillos, pero eso no me importa, pues pienso que los que allí viven tienen que hacer el mismo recorrido desde Alcobendas y quizá varias veces al día.

Y sigo yendo. Me interesan las personas que forman La Zaporra. He hablado con muchas de ellas y me han contado. La mayoría de ellos han venido de las zonas de Andalucía y Extremadura. Han comprado o alquilado una casa en La Zaporra o han conseguido una parcela algo más barata que en Madrid y la han construido ellos mismos sacrificando sus ratos libres y sus domingos.

Y digo sacrificando porque creo que es muy duro trabajar en la obra todos los días, de sol a sol y tener que seguir haciendo lo mismo en sus ratos de ocio, en vez de distraerse en otras cosas. Son muy trabajadores, no pueden ser de otra forma, si quieren sacar a su familia adelante. La vida es dura para ellos y hay que usar todos los medios al alcance para poder ir tirando. Por eso, las mujeres de La Zaporra van a hacer horas, fuera de casa, aun a costa de dejar a sus hijos abandonados porque no hay suficientes plazas en los colegios, o la guardería les parece demasiado cara.

Cuando fui por primera vez allí vi que el agua que usaban era de pozo. Han conseguido algo ya: tres fuentes.  Aunque es pesado tener que cargar constantemente con los cubos, creo es mejor que no tener la desconfianza de si el agua de los pozos es potable o no lo es. Pero creo además, que tienen intención de conseguir algo más: tener agua corriente en casa. ¿Se hará realidad su sueño algún día? En sus manos está el obtenerlo, ya que no en sus escasos medios económicos.

También me han contado que en su pueblo les iba a visitar el médico cuando estaban enfermos y que aquí, en La Zaporra, tienen que ir a buscarle a Alcobendas, en caso de emergencia, pues si se le avisa por teléfono se corre el riesgo de que no sepa encontrar la casa donde vive su paciente, pues algunas de las calles no tienen nombre y la numeración está hecha de forma confusa. Ellos esperan que algún día La Zaporra tenga su médico, y muchas cosas más: comercios, farmacias, iglesia, dispensarios, locales de reunión…Esto ha sido lo que yo he visto en La Zaporra. Creo que no es poco”.

Llama profundamente la atención la descripción que de La Zaporra hace la autora, que describe la realidad de este barrio en el extrarradio alcobendense y sansero casi como un viaje misionero al tercer mundo subdesarrollado, con carencias de todo tipo, subdesarrollo, precariedad, miseria y desatención, y sin embargo, esta describiendo el que a día de hoy es un barrio más a caballo de los dos municipios.

 

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En el ABC del 28 de agosto de 1973 aparece una entrevista al entonces alcalde de San Sebastián de los Reyes, señor Felipe Laporta, en el que reconoce los problemas y carencias de este barrio precario, describiendo las actuaciones necesarias a efectuar, tales como “…la pavimentación de los barrios de La Zaporra y Praderón, con su red de alcantarillado”.

En el mismo diario de ABC, del 11 de octubre de 1974 surge otro artículo muy descriptivo de la precariedad local, firmado por Antonio de Obregón  en el que afirma;

“La Zaporra, a quince kilómetros de Madrid, es una madeja difícil de desenredar, lo que corresponde a los Ayuntamientos de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, y al Área Metropolitana.

Más de mil familias, cinco mil personas, ruegan, solicitan, escriben cartas, curan instancias con relación a su barrio, que carece de colegios, de transportes, de asistencia médica. La Zaporra, dicen que se construyó sin licencia de nadie y al parecer sin proyecto alguno.

Ahora todo se acumula. Muy pocas plazas de enseñanza gratuita, falta de profesores, calles sin pavimentar, luz escasa, cuestiones de competencia  y de jurisdicciones. En un escrito al alcalde del mencionado pueblo los vecinos decían; no se puede vivir eternamente entre barro y entre polvo, queremos que el transporte público pueda llegar al barrio, queremos un barrio dotado de los más elementales servicios urbanos.

Cuando se realizan obras de urbanización, tan deseadas, los vecinos se quejan de la desmesurada altura de la rasante de la calle, que priva de iluminación y ventilación a los pisos bajos, ya que en algunos tramos queda la calle casi a dos metros por encima de la cota de acceso a las viviendas”.

En una última editorial del periódico Nuevo Alcobendas de finales de los años 70 titulada La Zaporra, aun se afirmaba al respecto del barrio que;

“Hace años surgió en formas más bien anárquica esta iniciativa de edificar viviendas, con frecuencia unifamiliares, al menos en la parte de Alcobendas, en esa zona norte de nuestros pueblos. La falta de planificaciones previas y de planes urbanísticos repercutió en un excesivo margen a la iniciativa de los particulares que habían adquirido las parcelas y se habían ido construyendo sus casas.

Como consecuencia de todo ello, apareció un núcleo residencial con ausencia de alineaciones racionales en las calles, con rasantes excesivamente alterados y con otra serie de inconvenientes de todo tipo. No tuvieron durante muchos años los más elementales medios de vida humana (agua corriente, iluminación viaria, atenciones sanitarias, docentes, religiosas…) y todavía siguen arrastrando una serie de limitaciones, especialmente en orden a la urbanización del barrio.

Las especiales características impiden una acción decisiva de recuperación total sin condicionarlo a un plan parcial general que necesariamente tiene que afectar a los derechos adquiridos por unos vecinos en situación económica modesta, cuyas viviendas, construidas siempre con gran sacrificio, corre peligro  de sufrir limitaciones de espacio y de piqueta”.

También en el libro mencionado de Arribas Sandonís y Cancho López se afirma que;

“Los primeros ocupantes del barrio se encontraban con un estado de marginación urbanística además de social. Por un lado, la lejanía del entorno urbano llevaba a las situaciones más terribles de aislamiento para todos los servicios. Desplazarse a través de barrizales hasta la parada del autobús de Madrid, o carecer de electricidad hasta bien entrados los años 60 se sumaba a las difíciles condiciones de habitabilidad.

Por otro lado, este aislamiento, acompañado de la marginación social, que llevaba a ciertos servicios públicos a negarse a acceder a La Zaporra: había que bajar a la antigua oficina de Correos a por el servicio postal, o arrancar de su asiento a determinados médicos para que atendiesen casos en el barrio”.

Como afirman en el documental “La Zaporra, seña de identidad” de Norte visión varios vecinos del barrio;

Era un barrizal, todo era barro. No había nada sanitario, ni alcantarillado y la única manera que había  de hacer las reclamaciones al Ayuntamiento era uniéndose”.

 

  • El esfuerzo colectivo para sacar adelante un barrio

Poco a poco, sin embargo, a lo largo de los duros años 60 y 70, el barrio va transformándose y los servicios van llegando difícil y lentamente a un barrio precario y marginal compartido por ambos ayuntamientos, aunque desde luego ello no fuese ni fácil ni gratuitamente.

Los zaporranos, como al parecer se les denominaba despectivamente, tuvieron que ingeniárselas como pudieron, ejerciendo una enorme red de solidaridad y apoyo inter comunitario y especialmente a través de las asociaciones y grupos de presión vecinales para apelar a las autoridades locales y de Madrid para adecentar y dignificar sus barrios. Fueron los duros años de presión social, lucha vecinal y apoyo colectivo como único remedio y receta para abandonar el estado de marginalidad social y desabastecimiento total que padecían.

Así lo afirma el ya mencionado editorial del Nuevo Alcobendas sobre el barrio;

“En defensa de los intereses particulares de los vecinos han surgido plausibles organizaciones, que ha luchado y siguen luchando con tesón. En repetidas ocasiones han obtenido audiencia en los medios de difusión, especialmente en la prensa y han conseguido también una atención muy concreta del Área Metropolitana”.

Como indican nuevamente Sandonís y López;

“Los mecanismos de defensa  de los primeros ocupantes fueron la creación de relaciones de confianza y amistad, alrededor de núcleos básicos de funcionamiento del barrio (el bar, las monjas…) y que forzarían la existencia de un núcleo de resistencia vecinal.

En la clandestinidad más absoluta, los vecinos con talante más dispuesto iban pasando a la organización, en la que se habían esparcido las formas políticas más de izquierda de los años finales de la dictadura. La ORT tenía representantes en el barrio (incluso algunas de las monjas), la militancia del PCE era igual de importante en el tejido social de La Zaporra. Se llegó entonces a la constitución de la asociación de vecinos del barrio trabando las dos áreas de La Zaporra para 1972”.

 

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En la propia página web de la Asociación de Vecinos de La Zaporra hablan así de sus orígenes;

“La historia de la A.A. V.V. de La Zaporra, está directamente ligada a la creación del barrio del mismo nombre, allá por el final de los años 60. Fueron un grupo reducido de gente, hombres y mujeres, procedentes de distintos lugares de la geografía española, que eligieron asentarse en este lugar, creando un barrio que ellos mismos con su esfuerzo y abnegación, fueron mejorando y dotando de servicios.

El barrio comenzó a asentarse en una zona de viñas, cuyos dueños deciden vender, en pequeñas parcelas, de unos 200 m2, a aquellos primeros emigrantes. Con un esfuerzo digno de admiración, después de terminar sus agotadoras jornadas de trabajo, emplean sábados, domingos, fiestas y cualquier tiempo libre, en levantar sus propios hogares, con sus propias manos y con la ayuda de familiares, amigos y vecinos.

La carencia de servicios básicos para el desarrollo del barrio, da pie para que un grupo de vecinos, en su afán por reivindicar sus derechos fundamentales, decida constituir una asociación de vecinos, para desde ella tratar de resolver las carencias existentes en el año 1972, una vez legalizada”.

Además de las redes sociales internas y la poca ayuda que les llegaba desde el exterior, los vecinos de La Zaporra contaron ocasionalmente con algunos apoyos locales, específicamente en Alcobendas, donde sus problemáticas específicas llegaron a encontrar en los años 70 un potente altavoz en la figura del ya mencionado periódico Nuevo Alcobendas y especialmente en la figura del conocido Padre Camón.

Existió en el tardofranquismo un claro compromiso de ciertos sacerdotes con inquietudes sociales que en los barrios obreros del Madrid de la época desplegaron una intensa campaña de apoyo a los más desfavorecidos y de los disidentes dentro del franquismo; el famoso Padre Llanos en el Pozo, el Padre Mariano Gamo en  Moratalaz y el menos conocido  Padre José Antonio García Camón en Alcobendas.

El caso del Padre Camón es otro ejemplo prototípico de sacerdote concienciado con los problemas sociales de una barriada humilde y obrera que, primero tímidamente y luego de una forma más abierta, se enfrenta desde su púlpito, en este caso de la Iglesia de San Lesmes de Alcobendas, y además en su caso concreto desde las hojas de un periódico municipal editado por él mismo, el “Nuevo Alcobendas”, a las desigualdades e injusticias sociales que él veía a su alrededor.

Camón, a finales de los años 50, pasa al Seminario Conciliar de Madrid (a escasos metros del Palacio Real) donde se ordena sacerdote. Poco después, en 1964-1965 es destinado a Cenicientos y en torno a 1968 pasa a Alcobendas. Allí, según informa el investigador local Julián Caballero en su “Historia de Alcobendas”, el Padre Camón se hace cargo de la recién creada Iglesia de San Lesmes desde 1970 hasta su muerte en 1991. En esos poco más de veinte años, Camón se convierte en una auténtica referencia para los sectores populares, excluidos y para los perseguidos por el régimen franquista, fundamentalmente a través de dos labores: la acogida y refugio de huelguistas y opositores clandestinos antifranquistas de la localidad (a través de asambleas y reuniones clandestinas de organización), según informa el párroco local Pedro Tortosa, y la denuncia de las injusticias sociales desde su periódico “Nuevo Alcobendas” (publicado entre 1971-1977), durante la alcaldía de Tomás Páramo y Julián Baena.

El periódico tenía varias secciones dedicadas a historia local, cultura, festejos, deportes, vida religiosa y varias secciones de opinión  y análisis político, económico y social, donde se daba una opinión clara de la situación del pueblo y del país. Ya en su primera editorial se denunciaba la dificultad de “entablar diálogo sobre problemas comunes”.

En sus seis años de existencia, desde sus páginas, se hicieron eco denuncias (cada vez más abiertas a medida que se producía el final del régimen y, ya abiertamente demócratas a partir de 1975) como las crecientes desigualdades sociales, la especulación urbanística, la falta de iglesias, la falta de servicios sociales, el paro, la conflictividad y los problemas laborales,  en sus dos últimos años se informaba abiertamente sobre huelgas y manifestaciones, se daba voz a los actos y manifiestos de los partidos y sindicatos de la oposición democrática, como PSOE, CNT, PCE o grupos feministas, y especialmente se trató  la desatención de determinados barrios locales como el caso ya visto de La Zaporra, al que se dedicaron varios artículos y análisis de denuncia de sus precarias condiciones de vida, como afirma en el documental “La Zaporra, seña de identidad” de Norte visión una vecina del barrio; “…la Parroquia de San Lesmes ayudó mucho a la gente de La Zaporra. Puso un despacho de abogados laboralista para que la gente fuera”.

Sin duda, esta demarcación hacia la izquierda antifranquista en los últimos años del periódico, y su relación con los grupos clandestinos en San Lesmes motivaron que se dejara de inyectar dinero en el periódico y que, ya para diciembre de 1977, desapareciera definitivamente, si bien el Padre Camón seguiría desde su iglesia y su despacho atendiendo a las necesidades sociales de su barrio hasta su muerte.

Poco a poco, la presión de las asociaciones y grupos vecinales, de la prensa local y la consolidación lenta y progresiva del proceso democrático provocó que éste y otros barrios desabastecidos fueran siendo atendidos y se inyecta dinero de los consistorios locales para elevar las condiciones de vida e infraestructuras del barrio; en el ABC del 18 de octubre de 1978 se recoge una inyección del Ayuntamiento de Alcobendas de nada menos que 116.768.148,50 pesetas para urbanización del barrio de La Zaporra, ampliado nuevamente en el ABC del 2 de enero de 1999, con otra inyección de 100 millones de pesetas del consistorio alcobendense para remodelación del barrio.

 

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Con el paso del tiempo, La Zaporra fue derivando lentamente y el barrio se transformó de un enorme barrizal alejado del centro urbano, desabastecido, desatendido e ignorado por las administraciones locales y provinciales a un barrio más, moderno e integrado en la trama urbana de ambos municipios, aunque sin perder su identidad obrera. La construcción a lo largo de los años 90 en las inmediaciones de La Zaporra de infraestructuras y edificios tales como el Ayuntamiento y los juzgados de Alcobendas, el Centro de Especialidades, y en la parte vecina del Centro Socio Cultural Claudio Rodríguez, la Comisaria de Policía Nacional o el Cercanías de Alcobendas-SSReyes revalorizó considerablemente la zona y la dotó de los servicios de los que careció durante décadas.

A día de hoy, La Zaporra, al igual que otros barrios obreros de Carabanchel, Vallecas, Moratalaz o el cinturón sur de Madrid, supone un éxito de integración y un ejemplo de cómo, por el tesón, el trabajo y el esfuerzo diario, se puede integrar y elevar el nivel social, respetando, aun a costa de sacrificar parte de las tramas urbanas originales, la identidad de los barrios.

Fuentes

-Archivo Linz de la Transición.

-Archivo histórico local de Alcobendas. Sección “Nuevo Alcobendas”.

-Hemeroteca ABC.

-Santiago Izquierdo. “Episodios de la Historia de Sanse I y II”.

-Julián Caballero Aguado. “Historias del antiguo Alcobendas”.

-Luis Arribas Sandonís y Antonio Cancho López. “El barrio de La Zaporra; de la marginalidad a la centralidad”.

-Documental “La Zaporra, seña de identidad”. Nortevisión.

-Documental “El cura periodista que acogía antifranquistas en Alcobendas”. Nortevisión.

-Página web de la Asociación de Vecinos de La Zaporra.

El golpe de Casado y el final de la guerra civil en Alcobendas

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Como todo el mundo sabe, el pasado mes de abril se cumplió el 80 aniversario del final de la guerra civil española, que trajo como resultado la victoria de las fuerzas nacionales dirigidas por el dictador Franco y la derrota definitiva de los últimos reductos de las fuerzas republicanas en todo el país.
 
Sin embargo, un mes antes de la rendición definitiva del campo republicano aquel célebre 1 de abril de 1939, en el mes de marzo de 1939, en el seno del bando republicano se produjeron unos sucesos de extraordinaria importancia que condujeron definitivamente a la descomposición total del Gobierno de Negrín, sostenido a esas alturas por los comunistas, y a la rendición definitiva del poder republicano, los sucesos conocidos como el Golpe de Casado y que, en el norte de Madrid tuvieron una gran importancia, significación y huella.
 
Para 1939, la guerra civil y el Frente de Madrid se encontraban en los últimos momentos de su resistencia. El Alto Mando republicano, concretamente la Jefatura del Ejército del Centro,  se dividía ya a inicios del año entre los partidarios al Presidente del Gobierno del PSOE (el ala izquierda del PSOE y la UGT y especialmente los comunistas del PCE), Juan Negrín, partidario de continuar la guerra y enlazarla con el conflicto bélico mundial que era ya inminente, y los partidarios de una finalización pactada con el General Franco, cuyas tropas habían ya conquistado gran parte del país (fundamentalmente los altos mandos del Ejército del Centro, el ala moderada del PSOE y la UGT y los anarquistas de la CNT).
 
A la altura de febrero y marzo de 1939, ya había tomado cuerpo, especialmente en Madrid, una conspiración militar entre los dirigentes del ejército republicano contra el gobierno socialista de Juan Negrín, dirigida por el Jefe del Ejército del Centro Segismundo Casado, que contaba con el apoyo de los anarquistas de la CNT (en la figura de Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de Ejército) y de una facción moderada del socialismo español (dirigida por Julián Besteiro).
 
 
 
El golpe militar interno en el bando republicano se inicia los primeros días de marzo de 1939 cuando un sector anti-negrinista, se subleva en el puerto republicano de Cartagena. Esta situación es aprovechada en Madrid, donde tomaban posiciones en el Ministerio de Hacienda  de Madrid un grupo integrado por Casado, representantes de Izquierda Republicana, Unión Republicana, el Partido Sindicalista, parte del PSOE y UGT, CNT-FAI, y el socialista Julián Besteiro, constituyendo un Consejo Nacional de Defensa presidida por el general José Miaja, e integrado por Julián Besteiro (Estado), Segismundo Casado (Defensa), Wenceslao Carrillo (Gobernación), Miguel San Andrés (Justicia y Propaganda), Eduardo Val (Comunicaciones), José González Marín (Hacienda), y José del Río (Instrucción Pública y Sanidad).
 
Automáticamente, los sectores comunistas partidarios del Gobierno reaccionan y plantan batalla liderados por los militares comunistas Guillermo Ascanio y  Luis Barceló, en las plazas de  Colón y Cibeles, en el Retiro, en las sedes de las JSU, del PCE, y en los Nuevos Ministerios, donde se produjeron choques armados con las fuerzas casadistas, entre los días 7-12 de marzo. Además, la Sierra Norte madrileña se convertía en un pequeño bastión comunista y negrinista dirigido por Barceló, quien desde 1938 lideraba el puesto de Las Golondrinas de La Pedriza en la línea del frente de Guadarrama, y que según el investigador Alfonso Pozuelo en su artículo sobre la guerra civil en Manzanares el Real establece una “república comunista al sur de la Sierra de Guadarrama, hasta el Pardo, Fuencarral y los Nuevos Ministerios“.
 
En esa semana de enfrentamientos internos , las luchas se trasladas al norte de Madrid, alcanzando Fuencarral, donde se instala una fuerza casadista, desde la cual se bombardea y ataca a las fuerzas comunistas del norte de Madrid, entre ellas las cercanías de la posición de Alcobendas, que había visto el repliegue de las fuerzas comunistas atacadas por el IV Cuerpo del anarquista Cipriano Mera.
 
En el documental “El hilo rojo de Alcobendas y San Sebastián de los Reyes”, el militante socialista Baldomero Rodríguez “Mero”, vecino de Alcobendas desde 1926 y pionero de la JSU de 1936-39 en Alcobendas, recuerda cómo las cercanías al norte de la localidad fueron sometidas a un intenso bombardeo en esa semana de marzo de 1939  por parte de las fuerzas casadistas.
 
El día 10 de Marzo de 1939, y ya en los últimos momentos del conflicto interno del bando republicano, Alcobendas, tal y como recuerda el propio Teniente Coronel Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de Ejército republicano, en sus memorias tituladas “Guerra, exilio y cárcel de un anarcosindicalista”, es escenario de la huida de unidades comunistas del Ejército popular partidario de Negrín que, huyendo de Mera hacia la Sierra norte (donde Barceló tenía un bastión de apoyo a los comunistas), deciden detonar el puente de la carretera de Burgos a la altura de Alcobendas (algunos investigadores locales afirman que dicho puente se ubicaría aproximadamente en las cercanías del actual puente del arroyo de la vega ubicado entre el Hotel Amura y el Alcampo de Alcobendas), cortando el Arroyo de la Vega del municipio madrileño, para dificultar el asedio casadista. El propio Mera lo afirma con las siguientes palabras en sus memorias;
 
“Los sublevados, completamente desmoralizados, huyeron unos hacia la Sierra, volando a su paso el puente de la carretera de Burgos, y otros buscaron refugio en los Nuevos Ministerios, al final de la Castellana”.
 
 
 
Sobre la voladura del puente de Alcobendas nos queda también un magnífico testimonio, en el libro de actas del Ayuntamiento de Alcobendas relativo al pleno municipal del martes 28 de marzo de 1939, tomado ya Alcobendas por las fuerzas franquistas de la localidad. En ese documento (foto de encabezamiento del artículo), se afirma que;
 
“Viéndose ya próximo el final de la guerra, la horda roja buscaba un desquite. Para así hacerlo, los comunistas se alzan en armas contra sus propios dirigentes más moderados y se desencadena una cruenta batalla que después de una semana de lucha finalizo en el inmediato pueblo de Fuencarral, con la derrota total de los elementos comunistas. Esta batalla tenía marcada, como línea fronteriza, el Arroyo de la Vega de Alcobendas, cuyo puente destruyeron los comunistas, volándolo con dinamita, y dejando así a Alcobendas en poder de las fuerzas del Coronel Casado”.
 
Para el día 12 de marzo de 1939 el golpe de Casado había triunfado, los combates se habían reducido, las unidades comunistas habían sido vencidas, y sus dirigentes habían sido fusilados (como en el caso del Coronel Luis Barceló, fusilado en las tapias del Cementerio del Este) o apresados (como en el caso de Guillermo Ascanio, encarcelado por los casadistas y fusilado por los franquistas en las tapias del Cementerio del Este), dejando un saldo de cientos de muertos, una brecha interna en el seno del mundo republicano durante décadas, y las cárceles madrileñas repletas hasta arriba de militantes comunistas y negrinistas que fueron detenidos por el Consejo Nacional de Defensa de Segismundo Casado, muchos de los cuales serían fusilados por las fuerzas franquistas tras la derrota de los republicanos y su entrada en Madrid en abril.
 
Envalentonados por el inminente final de la guerra, los franquistas y quintacolumnistas de la vecina Alcobendas se echan a las calles a finales de marzo de 1939, vencidas ya las fuerzas republicanas en Madrid, según la información existente en el libro de actas del Ayuntamiento de Alcobendas correspondiente al martes 28 de marzo de 1939, donde se afirma cómo este día 28 de marzo, la llamada «quinta columna» franquista existente, oculta en Alcobendas, actuó con mayor intensidad y, en el momento oportuno, se lanzaron a las calles reivindicando a Franco, a la Virgen de la Paz (patrona de la ciudad) y a España, apoderándose de los centros oficiales y cuarteles ocupados por las fuerzas republicanas locales, entre ellas las instalaciones de la «Unión Radio Roja», ubicada en Alcobendas, que oyó cómo desde Unión Radio Madrid entraban las fuerzas franquistas en la capital.
 
Inmediatamente después de ocupar edificios clave, reinstalan a la Virgen de la Paz en el altar de la iglesia parroquial de San Pedro (oculta durante la guerra civil), y a las once de la mañana, tal y como recoge el Acta Municipal, Julián Baena de Castro (futuro primer alcalde franquista del municipio), Juan Manuel Muñoz del Campo, Felipe Sánchez López (futuro alcalde breve franquista), José Méndez García, y Antonio Baena Aguado se lanzan a las calles a lanzar proclamas y consignas franquistas por toda la localidad completamente armados, siendo una incógnita cómo y de qué manera tan rápida pudieron acumular tal cantidad de armamento.
 
Después, Julián Baena y Juan Manuel Muñoz procedieron a colocar en la torre del Ayuntamiento local un estandarte blanco de la Virgen de la Paz (guardado en secreto por Sandalio Aguado Perdiguero), personándose acto seguido, e inmediatamente, en la secretaría del Ayuntamiento donde estaban las autoridades republicanas lideradas por el último alcalde republicano Víctor Muñoz Galán que aún resistían el gobierno republicano local, conminándoles a abandonar las instalaciones. Tras un breve forcejeo y un enfrentamiento armado en el Ayuntamiento, la autoridad republicana, con el alcalde a la cabeza, abandona finalmente el municipio y se forma una Comisión Gestora Provisional, que formaliza el traspaso de poderes por la fuerza armada.
 
Con la victoria del golpe de estado de Casado, la derrota y exilio de Azaña y Negrín y la derrota de las fuerzas comunistas, principalmente en Madrid, en esas semanas de marzo de 1939, las fuerzas republicanas dedican el resto de marzo a negociar y gestionar la rendición y entregar el mando de las pocas zonas aún en manos republicanas a las nuevas autoridades nacionales, traspaso que se formaliza definitivamente el 1 de abril de 1939 donde la España que se había desangrado durante 3 años, toca a su fin definitivo. La guerra, también en Alcobendas y el norte de Madrid, había terminado.
 

Los restos de la guerra civil en Sanse y Alcobendas; un patrimonio poco conocido

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 Antecedentes; república y guerra en Alcobendas y Sanse

Cumplidos recientemente el pasado mes de abril los 80 años del final de la guerra civil, y al ser éste uno de los temas de mi interés e investigación durante años, acercarse de nuevo a mirar, con los ojos de la historia y no los de la política, lo sucedido en aquellos tres terribles años de conflagración entre hermanos es necesario e interesante, algo de lo que sin duda podemos aprender y extraer conclusiones que nos ayuden a entendernos entre hermanos y evitar volver a caer en los mismos penosos errores del pasado.

Como ya he comentado en más de una ocasión en diversos lugares y textos, el paso de la guerra civil en las poblaciones de la retaguardia republicana alejada del frente, como lo eran en aquel momento Alcobendas y Sanse, fue meramente testimonial, y aunque, desde luego sí se notó en la vida diaria de sus habitantes (renombramiento de calles y avenidas y hasta del propio municipio, incautaciones y colectivizaciones de tierras y propiedades, financiación del frente de guerra, acogida de refugiados, políticas más sociales, construcción de refugios, o racionamiento de abastos), realmente no hubo una presencia fuerte y notable de los conflictos bélicos en nuestra zona, teniendo nuestros vecinos, en ese sentido, la suerte de no haber sufrido el dolor del combate bélico en sus calles, casas y plazas y no haber sido nuestro municipio, como sí ocurrió con muchos otros cercanos a los frentes de batalla, destruido, siendo el caso en la región de Brunete el más significativo de ellos.

A pesar de ello, en nuestro pueblo, los ecos de la guerra llegaron, insisto, de muchas formas y maneras, y para poder encontrarlos materialmente a día de hoy, 80 años después, básicamente debemos recurrir a los documentos históricos de primera mano, como las actas municipales o los boletines provinciales  que se pueden encontrar en nuestro magnifico y extenso Archivo Histórico Municipal de El Caserón, cuya visita recomiendo encarecidamente a los vecinos de Sanse para que también ellos puedan conocer de primera mano cómo era la vida diaria de nuestros antepasados, no solo de este periodo si no desde la fundación de nuestro municipio en el siglo XV.

En las actas de los plenos municipales del Ayuntamiento de Sanse podemos encontrar numerosas referencias a los sucesos antes descritos que marcaron la vida cotidiana del Sanse en guerra, donde queda descrito el quehacer de nuestros vecinos en tiempos convulsos. A nuestro Sanse, la República y la guerra, honestamente, llegaron de sorpresa y en ningún caso levantó mucha expectación en las amplias capas de la población local. Debido, posiblemente, a su carácter rural conservador y a la pervivencia en los pequeños pueblos rurales del interior castellano de una casta social oligárquica que dominaba la vida política e institucional municipal indistintamente del régimen o gobierno político existente en el país, en Sanse el paso del régimen republicano apenas se notó en la política, a diferencia de lo ocurrido en Alcobendas, villa hermana y vecina y con indudables lazos de unión.

Tal y como comento en el libro “Episodios del Madrid republicano”, con la celebración, en abril de 1931, de las elecciones municipales se da un auténtico vuelco al panorama electoral español por mostrar un descontento total y absoluto con lo que hoy se conocería como el «establishment» político del momento. En este contexto, algunas localidades del norte de Madrid, tales como Alcobendas o Sanse no son una excepción, y participan activamente en este afán democratizador, eligiendo entre 1931-1936 a los primeros alcaldes republicanos que, escapando de la tradición del caciquismo rural en el caso de Alcobendas, son escogidos por los vecinos de la localidad. En Alcobendas, a diferencia de su hermana histórica, el nuevo afán modernizador de las opciones republicanas se ve claramente manifestado en las elecciones de abril de 1931 que dan la victoria a los candidatos republicano-socialistas, concretamente a Enrique López Silva (con 180 votos), dando lugar al primer consistorio republicano de la historia de Alcobendas.

Caso diferente es el de San Sebastián de los Reyes a lo largo del periodo republicano previo a la guerra civil que, en estas primeras votaciones, que darán paso al nuevo régimen republicano, optará por un perfil continuista en la figura de los más votados; Gregorio Izquierdo Olivares (179  votos), Pedro Colmenar Montes (177  votos), Lorenzo Frutos Colmenar (175 votos), o Hermenegildo Izquierdo (118 votos), es decir, las mismas personas que habían venido gobernando el municipio durante el reinado de Alfonso XIII y la Dictadura de Primo de Rivera, y dando lugar el  11 de mayo de 1931, a poco menos de un mes de ser proclamado el nuevo sistema político, a la elección como nuevo alcalde del municipio al conservador, ex alcalde en época alfonsina y futuro primer alcalde franquista del municipio, Pedro Colmenar Montes, quien gobierna el municipio desde mayo de 1931 y hasta la victoria del Frente Popular, que se traduce en un cambio municipal en marzo de 1936.

El 21 de marzo de 1936, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones generales, se produce un cambio de gobierno y toma posesión la Comisión Gestora Municipal por orden del Gobierno Civil de la Provincia de Madrid, formada por Manuel Mateo López, Benito Rodríguez Cascajero, Guillermo Perdiguero López y Manuel Esteban López (3 de los futuros 4 alcaldes republicanos de Sanse durante la guerra civil). En el caso de Alcobendas, el gobierno social de López Silva, es interrumpido el 9 de diciembre de 1934 por el Gobierno Civil de Madrid conservador, que suprime el Ayuntamiento y nombra concejales nuevos por suspensión gubernativa, siendo nombrado alcalde el conservador F. Baena Valdemoro, quien gobierna temporalmente el municipio hasta el 21 de febrero de 1936 (un mes antes que su vecina), cuando el citado alcalde, literalmente y según el acta municipal “repone a los señores concejales de elección popular que por orden gubernativa se hallaban suspensos en sus cargos”, retomando la alcaldía López Silva.

En este contexto de tensión política derivada de los enfrentamientos del  gobierno conservador cedista (1933-1936) y del nuevo gobierno frentepopulista (febrero-julio de 1936), se produce el estallido del conflicto bélico, provocado por el levantamiento armado, el 18 de julio de 1936, de una serie de militares del ejército español tales como Emilio Mola, José Sanjurjo, Gonzalo Queipo de Llano, o Francisco Franco, que se extiende a nivel municipal por toda España, y que inicia la guerra civil española entre 1936-39. Ni en Sanse (donde gobernaba Benito Rodríguez Cascajero desde mayo)  ni en Alcobendas (donde gobernaba de forma temporal e interina Nemesio de Castro desde el mismo inicio de julio), se produce levantamiento militar derechista o militar, lo cual no evita  el señalamiento por milicianos republicanos de gentes de derechas de Sanse (Vicente Izquierdo Olivares, Gonzalo Izquierdo Montes, Francisco Navacerrada Barranco, Gabriel Izquierdo Olivares, Lorenzo Frutos Colmenar, Manuel Jiménez, Lorenzo Colmenar Montes, Álvaro Muñoz Gómez, Ramón Esteban, y Hermenegildo Izquierdo Montes) y de Alcobendas (Andrés Rodríguez Perdiguero, Mariano Sebastián Izuel, José Lusson y Francisco Sánchez López), que son fusilados en diversos puntos de la Provincia de Madrid a lo largo de ese año de 1936, terrible verano de represión en la retaguardia republicana, fruto de la tensión y de los primeros días, semanas y meses del golpe militar y el estallido de la guerra.

 

Los refugios en los plenos municipales

Una vez calmados y controlados los excesos represivos del primer momento en Alcobendas y Sanse, desde los propios municipios, así como de la Junta de Defensa de Madrid que, desde finales de 1936 gobernaba política y militarmente la zona central republicana, se produce el inicio de la planificación y construcción de un elemento que será esencial y muy simbólico de la guerra civil en la retaguardia republicana y que es, a día de hoy, 80 años del final de la guerra civil, el único resto visible y característico de este periodo bélico en nuestros municipios; los refugios, las trincheras y fortificaciones militares en general, para poder ejercer una defensa efectiva de las dos primeras líneas de defensa de Madrid en caso de avance del ejército nacional desde la cercana Sierra de Guadarrama, donde queda frenado por los milicianos republicanos desde el mismo julio-agosto de 1936.

En Sanse, la primera mención al respecto la tenemos en el pleno municipal del día 3 de mayo de 1937, gobernando Manuel Mateo López se establece que;

“Se acuerda se pongan en los refugios hechos en las inmediaciones de la fuente pública, puestas al objeto de que las mismas sirva de escondite para el público”.

Sobre la ubicación de estos refugios para la guerra, realizado en caso de bombardeo aéreo de las fuerzas nacionales, no lo tenemos claro, dado que en el municipio han existido históricamente varias fuentes; caño gordo, fuente del pilar y, según consta al archivero municipal, la de San Roque, inaugurada en los años 30.

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Nueva mención a dichas construcciones la tenemos en el pleno municipal del 14 de diciembre de 1937, bajo el mismo gobierno anterior, se menciona;

“Puesta a discusión la construcción de refugios para que caso de que la aviación facciosa bombardease el pueblo, tengan donde cobijarse los vecinos de esta localidad, se proponen por el primer teniente de alcalde, Facundo Navacerrada Perdiguero, se abriese una suscripción publica para gastos de la construcción de los mismos.

Concedida la palabra al vocal representante de la CNT, camarada Esteban Fajardo, éste dice no ve conveniente se abra dicha suscripción y que los gastos se hagan por las sindicales. Después de discutido se acuerda por mayoría, va por suscripción la construcción de los mencionados refugios”.

Lo propuesto por el teniente de alcalde y, según informa Roberto Fernández Suárez, también fundador y presidente del sindicato UGT, Navacerrada Perdiguero, no era casualidad, y el temor estaba más que fundado. Poco más de dos semanas antes, el 28 de noviembre de 1937, el vecino y cercano pueblo de Colmenar Viejo, cabeza del partido judicial, sufrió el segundo de una oleada de dos grandes bombardeos aéreos franquistas sobre dicho municipio  que ocurrieron sucesivamente el 21 de julio y el 28 de noviembre y que se saldaron con más de 100 muertos y redujeron a cenizas gran parte del pueblo, un centro neurálgico pero, sin embargo, pacífico pueblo de la retaguardia republicana, alejado de cualquier frente de guerra y que desató las alarmas de los vecinos municipios de la sierra norte madrileña acerca del peligro real de sufrir las represaliadas de la aviación franquista, por muy alejados que estuvieran del no muy lejano frente de Madrid o de del frente de Guadarrama.

Precisamente, el drama y la catástrofe de la vecina Colmenar Viejo no se plasmaría en el pleno municipal de Sanse únicamente en base al temor al bombardeo y la necesaria construcción de refugios, si no también directamente en los efectos más inmediatos y tan conocidos en el mundo actual; el drama de los refugiados víctimas de la guerra del vecino municipio.

Así, en dicho pleno, a continuación, se recoge que;

“Se acuerda que a las personas que han venido evacuados de Colmenar por efectos del bombardeo y que se encuentran en Pesadilla, se les dé cartilla de abastecimiento”.

Así pues, la construcción de refugios, trincheras y otros elementos defensivos se planteaba, tras el traumático suceso de los dos bombardeos de Colmenar Viejo de 1937, no ya como un simple elemento de precaución, si no como una necesidad real ante la amenaza real de un bombardeo franquista, que cada día se planteaba como una más que posible opción.

La última mención en este periodo a los mencionados refugios se produce ya finalizada recientemente la guerra civil. Desde julio de 1938, estaba ocupando el cargo de alcalde de San Sebastián de los Reyes el controvertido vocal propuesto por la CNT, Esteban Isabel Gómez que, una vez acabada la guerra a finales de marzo de 1939, no solo no es depurado por las nuevas autoridades franquistas ganadoras de la guerra civil, si no que coopera activamente con la nueva realidad política y se mantiene en el cargo de alcalde franquista temporal hasta el retorno definitivo del ya alcalde conservador entre 1931-1936, el mencionado Pedro Colmenar Montes a finales de abril de 1939.

En este periodo de transición, Esteban Isabel Gómez acuerda en el pleno municipal del 15 de abril de 1939;

“En evitación de alguna desgracia, se tapen las bocas de los refugios, de un modo especial el de la Plaza que es el de mayor peligro por ahora”.

No hay una especificación sobre a qué se refiere con ese refugio, que por su calificación se presupone ubicado en la plaza central del municipio, junto al Ayuntamiento y al Caserón,  ni cuándo se construye, aunque podemos presuponer que se trata de un refugio  que, como en muchos otros pueblos y ciudades, se ubicara en la plaza del ayuntamiento, por ser el lugar central del municipio, desconociendo si se sigue conservando dicho refugio en los subterráneos de la plaza o su boca de entrada.

En declaraciones de un concejal electo del Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes del año 2015, durante unas obras de remodelación en un antiguo colegio de la calle Real del municipio durante los primeros años de la democracia, se encontraron restos de viejos túneles y covachas en los bajos de la citada calle, que comunicaban por el subterráneo todo el centro del municipio, a similitud de las cuevas-bodega que tan excelentemente se conservan en los subterráneos del Caserón musealizados (imagen de cabecera del artículo), lo cual hay que verlo en la ancestral tradición local de aprovechar estas excavaciones (no en vano, el centro histórico del municipio se levanta sobre un antiguo cerro) desde épocas medievales.

 

Los restos visibles de la guerra en la zona

Lo más probable es que durante la guerra civil se aprovecharan estos túneles para acondicionarlos como refugios en caso de bombardeo de la aviación franquista, y es posible que pasara algo similar en el caso de las covachas existentes en la cercana Alcobendas.

Así mismo, en un artículo publicado en noviembre de 2015 titulado «Descubrimiento de la segunda línea de defensa de Madrid durante la guerra civil» en la revista Frente de Madrid por parte del arqueólogo Francisco Javier Pastor Muñoz, perteneciente a la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Comunidad de Madrid, se hace mención explícita a la existencia de trincheras y fortificaciones mandadas construir por la Junta de Defensa de Madrid en el término municipal de San Sebastián de los Reyes en la guerra civil en caso de que la primera línea de combate republicana de Guadarrama (estabilizada en julio-agosto de 1936) cayera por el empuje franquista, y sirvieran así estas posiciones (que nunca llegaron a entrar en combate) como última línea de defensa republicana antes de llegar a Madrid.

El arqueólogo hace mención de una fuente documental primaria encontrada, por medio de un informe redactado el 15 de octubre de 1938 (siendo último alcalde republicano de la localidad el mencionado Esteban Isabel Gómez), perteneciente al Estado Mayor del Ejército Centro, y titulado «Informe sobre la fortificación existente en la zona delimitada por el norte de la Carretera de Colmenar Viejo a Fuencarral Vértice Otero. Vértice Dehesa de San Sebastián y Fuente del Fresno, y por el suroeste entre Fuencarral y la Carretera General de Francia», en el que se detalla la creación de un arco de más de dieciocho kilómetros de longitud con numerosas posiciones defensivas, y que llegaría a extenderse entre El Pardo y Algete (pasando por la Dehesa Boyal y Fuente el Fresno, en el término de Sanse).

 

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Actualmente, y aunque resulta fácil entender el contexto, la lógica y la ubicación de estas fortificaciones al poder verse con bastante claridad Guadarrama desde ellas, presentan como problema  que, décadas después de estos sucesos bélicos, la mayoría han desaparecido, son difíciles de encontrar o, las que existen, aunque son muy bien visibles y están muy marcadas, mantienen un estado de conservación precario o abandonado totalmente por estar en terreno rural fuera del casco urbano del municipio.

Dentro del término de San Sebastián de los Reyes destacan por su buena visibilidad el par de trincheras ubicadas en la zona de las calles Cabañeros y Severo Ochoa, en los límites entre la Dehesa Boyal y la base militar de El Goloso, en forma de zig zag. Existe, además, constancia de otras dos, ya dentro del parque de la Dehesa Boyal, y una doble línea de trincheras mejor y de mayor visibilidad en la urbanización Fuente el Fresno, en un cerro cercano a la calle Sepúlveda, en bastante buen estado de conservación, aunque ni excavada ni investigada.

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Por su parte, tanto en el artículo de Pastor Muñoz como en el Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos, incluido en el PGOU de diciembre de 2014, se hace mención explícita como restos de la guerra civil en el término municipal de Sanse de una zanja antitanque, ya desaparecida e imperceptible, en las cercanías de la fábrica Heineken y Fuente el Fresno, de otra trinchera de la guerra civil al norte y cercana a la urbanización de La Granjilla y especialmente de otra trinchera de la guerra en las proximidades de la famosa finca agrícola Valdelamasa, ya cercana al Goloso y Viñuelas, ambas zonas de concentración militar republicana durante la guerra civil.

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En Alcobendas las intenciones defensivas son las mismas. También en los plenos municipales de esta localidad se planea la creación de refugios militares subterráneos de defensa, como así se refleja en el pleno del 7 de septiembre de 1937, gobernando Antonio Vázquez Sobreviela, cuando se acuerda la creación de refugios para la defensa ante bombardeos aéreos franquistas. Esta misma decisión se modifica el 21 de septiembre cuando se acuerda, a tal efecto, que antes de construir refugios, se lleve a cabo una inspección para que se vea si las «cuevas del pueblo» tienen suficiente capacidad y ofrecen la seguridad necesaria para cobijar a la gente.

Desconocemos lo ocurrido con estos refugios en Alcobendas, pero todo parece indicar que, al margen de algunas posiciones defensivas en el Ayuntamiento, no se llegaron a construir en Alcobendas para usar en su lugar las cuevas del municipio, algunas de ellas existentes, posiblemente también desde épocas medievales y hasta hace muy pocos años, como lo atestigua un reportaje especial del periódico local Nuevo Alcobendas, fundado por el Padre Camón, de junio de 1972 titulado “todo Alcobendas está minado” en el que se habla extensa y gráficamente de las muchas cuevas aun existentes en la localidad.

Como curiosidad histórica, sí parece que, al menos dos de estos refugios, que parece que existieron en su día en Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, pueden haber resistido al paso del tiempo o, por lo menos, son de los que más pistas podemos tener. Uno de ellos, en Alcobendas, es el ubicado en el centro del municipio, según da cuenta el investigador local Julián Caballero Aguado en su recopilación histórica local “Historias del antiguo Alcobendas”, en la que menciona:

“Las cuevas que soterraban el antiguo pueblo sirvieron de refugio antiaéreo para acoger a la gente ante el temor de un ataque aéreo. Este refugio fue construido debajo de la Plaza del Pueblo por suscripción popular en 1937, con acceso desde varias casas circundantes que se comunicaban entre sí, pudiéndose ir, sin salir a la calle, desde la Plaza Felipe Álvarez Gadea (la de la Iglesia) hasta la Plaza del General Gómez Oria”.

Es decir, toda una red de túneles soterrados en pleno centro del municipio que debía comunicar el pueblo de forma subterránea, construidos por orden, bien de Enrique López Silva, o bien  ya durante el periodo de Antonio Vázquez Sobreviela.  Sin embargo, al ser este el centro mismo del pueblo, es poco o nada probable que este refugio bélico haya sido conservado, ya que esta zona, empezando por la propia plaza del Pueblo, ha sufrido innumerables transformaciones y cambios durante la segunda mitad del siglo XX.

En San Sebastián de los Reyes, además del refugio ya comentado y documentado en los plenos de la época, ubicado también en su plaza del Ayuntamiento (que es probable que sí haya quedado bien conservada), nos ha llegado la referencia a otro posible refugio, también en buen estado de mantenimiento a día de hoy. En este caso, la pista nos la da Isidoro Rodríguez Tato “Doro” en su ya famosa e imprescindible obra “Historia de San Sebastián de los Reyes”, en la cual, y pasando casi desapercibida, el autor, ya fallecido, pero que vivió en primera persona los años de la guerra civil en el municipio durante su infancia, nos da cuenta de otro nuevo refugio en el centro del municipio, afirmando:

“En el callejón desde la Calle de la Fuente hasta la Calle de San Vicente, en lo que hoy es el Hogar del Pensionista, la Guardería Infantil y el patio del Colegio Francisco Carrillo, se hicieron unos refugios  como protección de un posible bombardeo aéreo de la aviación en la guerra civil en 1936”.

Ello aparece confirmado por otra fuente, en este caso del también cronista del municipio Santiago Izquierdo en sus “Episodios de la Historia de Sanse II”, donde menciona;

“Como curiosidad, hay que señalar que en esta zona existían antiguamente unas minas que en su momento debieron de servir como refugio”.

Aquí la fuente es algo más imprecisa, puesto que no nos dan ninguno de los dos autores  mucha información detallada de los sucesos, ni de cuándo se construyó, pero es posible que fuera también, como casi  todos los refugios, a lo largo de 1937, durante los mandatos de Benito Rodríguez Cascajero o de Manuel Mateo López.

Si bien la fuente es más imprecisa, es probable que sea, a su vez, más fiable aún que la de Alcobendas, habida cuenta de que, al menos Doro, si vivió en primera persona los sucesos en la época, y es muy posible que él fuera testigo del propio refugio, mientras que Izquierdo es un conocido experto de la historia local y conocedor de gentes que muy posiblemente vivieron la época en primera persona.

Teniendo en cuenta que la zona, como todo el centro histórico de Sanse, ha sido ampliamente transformada y removida, como en el caso de Alcobendas, al haber sido construidos varios edificios encima, es posible que el refugio aún se pueda conservar subterráneo. Lo mismo es posible que ocurra con el refugio bélico de La Plaza de Sanse, por lo que ambos refugios, testigos directos de la guerra civil en pleno centro histórico de Sanse, podrían aun existir y por tanto ser restaurados y enseñados a la población como parte del patrimonio histórico local.

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De igual manera, los restos de trincheras y fortificaciones militares en el término municipal de Sanse, algunas en perfecto estado de conservación como las de la Dehesa Boyal o Fuente el Fresno, serían mucho más fácilmente restaurables, a modo de la que existe al aire libre, restaurada y musealizada del Cerro Melero de Arganda del Rey (foto inmediatamente superior), y que de igual manera serviría para conservar y dignificar tan curiosos restos históricos además de para atraer a un turismo cada vez en mayor auge en nuestra región y en nuestro país como es el de estudiosos, investigadores y aficionados del conocimiento de la guerra civil en la región madrileña.

Cuando Sanse se fundó con un grito de libertad

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Mañana, 2 de mayo, se conmemora otro año más una fecha muy especial, la de la fundación de Sanse, nuestro municipio, en este caso hace ya 527 años.

El día 2 de mayo es una jornada que, indudablemente, trae a la memoria de los madrileños un agradable y amargo recuerdo, un recuerdo de lucha y de resistencia.  Sin embargo, más de 300 años antes de la heroica gesta del pueblo madrileño aquel 2 de mayo de 1808, que es ya fiesta regional en nuestra Comunidad, otro pueblo de la actual Comunidad de Madrid, nuestro Sanse, protagonizaba un 2 de mayo su día más importante, su día grande, su día de resistencia, y un día que sin duda alguna debe ser al menos rescatado de la memoria por ser probablemente el primer gran movimiento campesino de toda la historia de Madrid.

 

1) El nacimiento de San Sebastián de los Reyes y la Alcobendas de finales del siglo XV

El 2 de mayo de 1492, el pueblo de San Sebastián de los Reyes inicia la independencia formal de la cercana villa de Alcobendas a la cual pertenecía, al escapar algunos vecinos de dicha localidad de la presión fiscal y los excesos de su señor feudal Juan Arias Dávila (que, desde su castillo ubicado en Torrejón de Velasco dirigía con mano de hierro sus amplias posesiones en la región, entre ellas la de Alcobendas) contando para ello con el apoyo y protección de los Reyes Católicos  (de ahí el posterior nombre de la localidad).

A mediados del siglo XV, la vida cotidiana en la villa de Alcobendas se hacía difícil para muchos vecinos de esta villa, que veían como de una forma cada vez más insostenible, el señor feudal, Juan Arias Dávila agobiaba con altísimos gravámenes a los vecinos de la localidad, condenando con duras penas a cualquier intento de protesta o rechazo de esta situación.

Cabe destacar que, al igual que muchas otras villas y ciudades de época feudal, la villa de Alcobendas tiene su origen en la jurisdicción señorial típica de la época feudal, cuando en el siglo XIV el rey Enrique II de Castilla cede a Pedro González de Mendoza un amplio señorío, un pequeño imperio al norte de la villa de Madrid, formado por  Buitrago, el Real del Manzanares, el sexmo de Lozoya, y las aldeas de Barajas, Cobeña y Alcobendas, ésta última en manos de la todopoderosa familia Mendoza hasta que en 1457 pasa a manos de Diego Arias Dávila, bajo cuya familia quedará vinculado el Señorío de Alcobendas hasta la supresión de éstos en el año 1811. 

Esta situación concedía al señor feudal amplísimos poderes, típicos del feudalismo, como eran el monopolio por parte del señor feudal de la economía, de la justicia y de la política local. Eran épocas en las cuales el poderío de los señores feudales hacia sombra a la aun incipiente y escasa autoridad de reyes y soberanos que luchaban por hacer valer su autoridad y su primacía.

De esta manera, en Alcobendas, como en tantos otros señoríos jurisdiccionales, el señor local Arias Dávila gravaba con altos impuestos a los siervos, labriegos, jornaleros y ganaderos, especialmente a aquellos dedicados a las tareas de pastoreo y ganadería. Además de ellos, el señor feudal dictaba la jurisdicción en la localidad y obtenía el monopolio total de la violencia, representada simbólicamente en la localidad en el llamado “Cerro de la Horca” en las laderas de lo que posteriormente sería el núcleo primitivo de San Sebastián de los Reyes, y en el cual se localizaba la horca o lugar de ajusticiamiento público de aquellos que hubieses incumplido la legislación.

Fruto de esta situación de tensión fiscal y jurídica, en la cual las deudas económicas de Arias Dávila deben ser pagadas por sus siervos alcobendenses con su patrimonio, estalla definitivamente un enfrentamiento entre una serie de campesinos, jornaleros, y ganaderos de la localidad, liderados entre otros por Pedro Rodríguez “El Viejo”, Francisca “La del Bartulo”, Andrés Rodríguez, Juan de Vallecas, Pedro Retamo, o Pedro Mendaño, y su señor feudal, Juan Arias Dávila.

Inmediatamente , y con el objetivo de evitar nuevos abusos, se dirigen a las afueras de la localidad, a lo alto de un cerro donde ya existía una ermita en adoración a San Sebastián Mártir (cercana al llamado “Cerro de la Horca” , en torno a las calles Mayor, Clavel, San Vicente, Victoria, San Roque y Paz ) , fundando allí las primeras cabañas de ganado y pastoreo, siendo este el oficio más común del pueblo trabajador que era el que conformaba la totalidad de los primeros sansebastianenses, y que posteriormente en el siglo XIX ( un periodo romántico de la historia en la cual se hacía necesario volver a las grandezas de la época medieval) fueron ensalzados por los historiadores locales como Laureano Montero o Leopoldo Jimeno, los primeros grandes historiadores y cronistas modernos de la localidad, tratando de dotarles de aun áurea de majestuosidad justificada, la del pueblo trabajador y productor que se rebela con su fuerza de trabajo, en contraposición a los señores feudales y sus actitudes tiránicas para con sus vasallos.

Como dijimos, debido a esta apresurada huida en los primeros meses del año 1492 que condujo a la fundación del primer núcleo poblacional en el Cerro de la Horca, el señor local Juan Arias Dávila, desde su feudo y castillo de Torrejón de Velasco (no sería ya hasta el siglo XVI cuando los Arias Dávila levantan un casón palaciego para ellos en el centro del municipio, junto a la Iglesia Parroquial) junto con su más firmes partidarios no tarda en acudir a quemar las primeras casas de los sansebastianenses y prender a los rebeldes, en un acto de rechazo a la soberanía inicial de los huidos, anteriormente bajo su jurisdicción y dominio y con el objeto de tratar de impedir cualquier tipo de pérdida territorial.

Así, en los años finales del siglo XV, la villa de Alcobendas se convirtió en un auténtico campo de batalla entre partidarios y detractores de la independencia de la villa cercana durante estos días, en los cuales la incipiente soberanía de los insurrectos fue eliminada de facto por el señor local y sus partidarios, que no dudaron en encarcelar a todo aquel contrario a esta situación y perseguir por los territorios aledaños de la villa a los restantes fugitivos con el objetivo de acabar cuanto antes con el primer gran cisma interno de la localidad.

Sin embargo algunos vecinos consiguen escapar a esta persecución, y teniendo noticia de la cercana presencia del rey Fernando el Católico en la cercana villa de Alcalá de Henares, se apresuraron a su encuentro en uno de los actos más conocidos y simbólicos (incluso heráldicamente) de este episodio, dándole alcance en el conocido como Puente de Viveros, situado sobre el río Jarama, entre Madrid y Alcalá de Henares (de ahí el puente sobre el río que figura en el escudo local) exponiéndole sus quejas ante aquella situación y obteniendo a cambio el respaldo regio. Así, pocos días después, el 2 de mayo de 1492 nacía oficialmente bajo protección real y como villa de realengo el pueblo de San Sebastián de los Reyes, con su posterior reconocimiento de ciudadanía el 27 de agosto de 1492, pese a las airadas protestas del señor local de Alcobendas.

A pesar de ello, el que posteriormente sería conocido como Conde de Puñonrostro no fue ni mucho menos un personaje despreciado por la monarquía, a pesar de las rivalidades derivadas del nacimiento de Sanse, llegando a ser, en 1523, premiado por el monarca Carlos V como “Conde de Puñonrostro” con el objeto de agradecer sus servicios al bando imperial en la rebelión comunera de Madrid.

 

2) ¿Intereses económicos o grito de libertad?

Sin embargo, en todo este proceso histórico, habría que cuestionar un papel hasta ahora no cuestionado por la historiografía local de San Sebastián de los Reyes, en torno a los intereses real de la monarquía castellana en este episodio.

Recurrentemente (y al igual que ha sucedido con la glorificación de los primeros habitantes del pueblo) se ha tendido a ver la actuación de los soberanos de Castilla y Aragón con respecto a la independencia de Sanse como un gesto exclusivamente piadoso, ideológico, relacionado con la figura del rey protector y paternal con su pueblo.

Sin embargo, y aun sin cuestionar dicha actitud, cabría localizar históricamente la rebelión y el cisma de Alcobendas en un periodo conflictivo, en un periodo intermedio entre el bajo medievo y la incipiente edad moderna, en la cual se producen constantes enfrentamientos entre los señores feudales, recelosos de perder su poder y autoridad política, jurídica y económica por un lado, y la monarquía moderna por otro lado, que en el caso de los Reyes Católicos iniciaba un nuevo modelo político basado en la primacía del estado absoluto monárquico, sometiendo a los nobles, aristócratas y señores feudales a su poder y autoridad regia.

Por ello, un episodio tan interesante políticamente para los Reyes Católicos, como era el debilitamiento de una de las casas señoriales más poderosas de la zona central castellana, la de los Arias Dávila, y la obtención de las cercanas y nacientes tierras de San Sebastián de los Reyes (con destacados pastos) como zona de realengo o propiedad regia, no iba a ser ignorados por los monarcas y sus sucesores en el trono que, rápidamente, pusieron todo su empeño en apadrinar personalmente la independencia de la naciente villa en hasta tres ocasiones consecutivas (1492, 1494 y 1516).

También en este debate sería interesante, al menos, mencionar un debate no suficientemente ahondado ni estudiado por la historiografía local, acerca de la naturaleza de dicho acontecimiento, teniendo que ser justamente valorado como una mera rebelión de subsistencia (como las que habrían de darse en los siglos XVI-XVII-XVIII en todo Madrid) de una parte del campesinado asfixiada por la penuria económica, o si cabría ver en los líderes y primeros fundadores del pueblo unos ideales más profundos, más políticos, más allá de las meras necesidades vitales y económicas, basadas en ideas de libertad, de emancipación, de redención del campesinado frente a la tiranía de los señores feudales.

Dicha idea no deja de ser recurrente, puesto que colocar esta rebelión como el primer gran movimiento campesino de la historia moderna de Madrid con motivaciones políticas de esa índole se nos presenta como una hipótesis bastante atractiva, y entroncaría sin duda alguna como todo el espíritu antiseñorial que apenas unos años después se iba a producir en todo el campo castellano durante el periodo de la revolución comunera.

Lo cierto es que resulta tentador encontrar motivaciones más allá de las ideológicas en la actitud de los Reyes Católicos y motivaciones más allá de las puramente económicas en la de los primeros habitantes de esta localidad en época bajo medieval, y sin duda alguna, probablemente en la conjunción de ambas pueda encontrarse una motivación más completa y profunda de las intenciones reales de este movimiento.

Sea como fuere, esta rebelión campesina, indistintamente de su cariz económico o político (o la conjunción de ambos) tiene el incuestionable valor de ser uno de los primeros y más destacados movimientos campesinos en la incipiente historia moderna de la región de Madrid y de ser, cómo no, el motor fundacional y el origen de nuestro municipio, Sanse.

 

Contra la politización de la historia

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Que la historia es un frecuente campo de batalla entre ideologías de diferente tipo es un hecho ya, a estas alturas, más que de sobra conocido. En mi anterior entrada sobre el uso de la memoria histórica en las recientes elecciones generales españolas y en mi columna de presentación ya alerto sobre el hecho de que, actualmente, se está poniendo más de moda que nunca el echar mano de los libros de historia para, de forma totalmente sesgada y parcializada, justificar e incluso engordar los programas de una clase política carente de ideas para el presente y para el futuro de nuestro país y que no tiene más remedio que mirar, a su manera, al pasado.

Estos meses han sido especialmente prolijos en la utilización e introducción de la historia a todos los niveles; desde los partidos políticos, instituciones del estado o autonómicas e incluso academias supuestamente profesionales, se han lanzado a una espiral de utilización de la historia en la que, de una forma aparentemente neutral y objetiva para desentrañar los aspectos del pasado, claramente se emplean los hechos históricos para justificar determinados argumentos.

El último en apuntarse a esta moda ha sido el partido político Ciudadanos que, en su programa electoral, incluye en su punto número 88 del programa electoral esta llamativa afirmación;

“Impulsaremos un Plan de Apoyo a la Difusión de la Historia Española para incrementar el conocimiento del papel de España a través de los siglos. Queremos revertir la interpretación en ocasiones gravosa y negativa del papel que España ha protagonizado en la historia, fomentado en otras épocas por la llamada “leyenda negra”, que ha devaluado injustificadamente la imagen de nuestro país”.

La afirmación es, cuanto menos, inquietante, y máxime teniendo en cuenta la explicación que de ella hace uno de los impulsores de esta medida, Guillermo Díaz, número uno de Ciudadanos al Congreso por Málaga, que ayer mismo afirmaba en la prensa que;

“Lo primero que hay que hacer es informar del diagnóstico, contar cómo España sufre hoy en día las consecuencias de la propaganda de la Leyenda Negra, que incide en nuestra imagen internacional y nos desprestigia. Creemos que tenemos que hacer una labor didáctica interna para que los españoles conozcan los hechos de nuestra historia con mayor profundidad y, por otro lado, una labor externa, con el apoyo del Ministerio de Exteriores, en la que España defienda cuál fue nuestro papel internacional despejando la propaganda. 

Ni Rajoy ni Sánchez tenían pensado hacer nada con el V centenario y Hernán Cortés hace palidecer a Alejandro Magno y a Julio César… pero no me imagino a los romanos dándole la espalda a Julio César. No podemos seguir hablando con complejos ni pedir perdón”.

En sus medidas, no se concreta específicamente muy bien en qué debe consistir ese “plan de apoyo a la difusión de la Historia de España“, si ello va a implicar modificar o alterar el currículo educativo (que ya contempla en las diferentes etapas educativas perfectamente el estudio y conocimiento de los diferentes periodos y sucesos de la historia española) o si se va a limitar, a similitud de lo que exigen partidos como VOX, a un apoyo masivo para la realización de películas de cine sobre periodos históricos afines a determinadas concepciones (reconquista cristiana, conquista y colonización de América, imperio español….) o difusión y promoción de bibliografía que aborde estos periodos históricos. 

Sin embargo, esta ambigüedad con la “difusión de la Historia de España” que no termina de aclarar Ciudadanos, no algo nuevo y una propuesta similar se encuentra también en el punto número 8 del programa político de VOX, que aborda también el tema, proponiendo un;

“Plan integral para el conocimiento, difusión y protección de la identidad nacional y de la aportación de España a la civilización y a la historia universal, con especial atención a las gestas y hazañas de nuestros héroes nacionales”.

Nuevamente, inquieta pensar en qué aspectos concretos va a consistir ese “plan integral” y qué aspectos concretos considera dicho partido que representan las “gestas y hazañas” de los “héroes nacionales”, aunque, a juicio de lo expresado por los líderes de dicho partido, no parece que sea muy diferente a los periodos históricos/cliché ya mencionados más arriba y que parecen ser el epicentro de atención de la nueva recuperación de la historia española para determinadas formaciones y posicionamientos políticos, más interesados en combatir políticamente determinados posicionamientos ideológicos y no tanto en, realmente, difundir, apoyar y promocionar la historia, toda la historia y nada más que la historia, que debería ser realmente el verdadero objetivo no de éstos, sino de todos los partidos políticos del Congreso en un plan nacional y de estado de protección, despolitización, y difusión de la historia y del patrimonio histórico español, constantemente olvidado o expoliado cuando ello no genera un rédito electoral en votos.

Sin embargo, no han sido únicamente, ni mucho lejos, determinadas formaciones políticas conservadoras las que, en los últimos meses y se años se han lanzado a un cuestionamiento y reinterpretación de la historia afín a determinada óptica. Instituciones públicas y privadas de toda índole en todo el territorio nacional no han ido muy a la zaga de esta “recuperación” de la historia.

Recientemente, en un artículo en El País, el historiador y escritor español José Álvarez Junco afirmaba que “los historiadores deberíamos estar hartos de que nos utilicen. La función de la historia es conocer el pasado. Investigar, recoger pruebas, organizarlas según un esquema racional y explicar lo que pasó de manera convincente. Y punto” y afirma que por el contrario “lo que nos piden es un relato épico útil para construir identidades, y nos lo piden los más poderosos, los dirigentes políticos”, y es que “lo rentable políticamente son los mitos, que hacen votar”.

Al mismo tiempo, a lo largo de este año 2019 , se han producido una serie de debates sobre la conveniencia o no de rememorar los 500 años de la Expedición Magallanes-Elcano de circunnavegación de la tierra (generándose una controversia entre las academias de historia oficiales de España y Portugal acerca de la “titularidad” de dicha gesta histórica, rivalizando entre el portugués Magallanes y el español Elcano, y que generó incluso un tenso y fuerte cruce de declaraciones entre académicos de ambos países y campañas públicas bastante bochornosas en determinados diarios españoles destinadas a la recuperación del pasado histórico nacional ), o especialmente los mismos 500 años del inicio de la conquista del Imperio Azteca por Hernán Cortés ( evidenciado en las declaraciones del Ministro de Cultural José Guirao para no molestar u ofender a los mexicanos, y especialmente en la carta pública del Presidente de México Andrés Manuel López Obrador exigiendo al Rey de España una disculpa por la conquista del imperio mexica, contestada a su vez con una virulencia incomprensible y desmedida por parte de determinados sectores intelectuales españoles contrarios a la llamada “leyenda negra” ) que muestran perfectamente cómo se sigue sin ver los hechos históricos y la historia como simple historia para darle constantemente un barniz ideológico y que se resume en las declaraciones de especialistas, como la historiadora y académica Pilar Gonzalbo Aizpuru cuando dice que “la mirada anacrónica impide conocer la trascendencia de los acontecimiento del pasado”, o la historiadora Enriqueta Vila cuando carga contra “el sectarismo y los complejos absurdos que tenemos los españoles de nuestro pasado, el miedo a contar la historia como los documentos nos lo muestran, y no como han querido otras potencias interpretarlos u ocultarlos”.

Al mismo tiempo, desde determinados sectores intelectuales catalanes, no se ha dudado en tratar de reinventar y reinterpretar la historia de una forma clara, evidenciado en el papel que desde hace años vienen ejerciendo instituciones como el Institut Nova Història o el Cercle Català d’Història que, desde hace más de 10 años  tratan, sin fundamento ni rigor documental algunos, de reescribir la historia catalana, sosteniendo posiciones cuanto menos cuestionables como la catalanidad de personajes históricos de primer orden (Colón, Cervantes, Cortés, Vespuccio, Leonardo da Vinci, Erasmo de Rotterdam…) en una suerte de hegemonización cultural, usando para ello a la historia con una clara intencionalidad política, al mismo tiempo que determinados partidos o instituciones políticas conservadoras pretenden hacernos comulgar con ruedas de molinos y afirmar la antigüedad casi milenaria de la nación española, a la que retrotraen casi hasta la época de los celtíberos y los romanos.

Sin embargo, ese uso de la historia como arma arrojadiza  ha sido el prevalente y no pocos historiadores han escrito acerca de ello. Georges Duby, en su “Escribir la historia”, afirma que “el ejercicio de nuestro oficio se somete a una moral que requiere objetividad, el historiador tiene la obligación de olvidarse, de acallar sus prejuicios, sus pasiones, no tiene derecho de manipular la información, y su mirada debe ser fría e imperturbable”, o lo que opinaba el pensador medieval Ibn Jaldún al afirmar que “la falsedad aflige naturalmente la información histórica, el prejuicio y el partidismo oscurecen la facultad crítica y excluyen la investigación crítica, y el resultado es que las falsedades son aceptadas y transmitidas“, de la misma manera, aunque diferente, que el historiador catalán Pelai Pagés que en su “Introducción a la historia” dice que “aceptar la imposibilidad de la objetividad no implica que sea imposible la rigurosidad”, esto es, no renunciar nunca a la rigurosidad del trabajo histórico aun cuando sea inevitable una mínima subjetividad, o como decía el historiador francés Marc Bloch en su “Apología de la historia”, “cuando las pasiones del pasado mezclan su reflejo con los prejuicios del presentes, la mirada se turba sin remedio”, o Lucien Febvre en su libro “Combates por la historia”, “el historiador no es un juez, la historia no es juzgar, es comprender y hacer comprender”.

Para mí, un historiador profesional dedicado en cuerpo y alma al estudio, investigación y difusión de la historia, la historia debe ser, ante todo respetada. No podemos ni debemos vetar ni censurar el estudio histórico de ningún periodo de nuestro pasado y, dese luego, es tiempo de quitarnos clichés ideológicos; ni estudiar el imperio español o la conquista de América le convierten a uno en derechista, ni difundir episodios históricos como la república y la guerra civil (y en eso el que escribe tiene amplia experiencia e incluso algún libro publicado sobre el tema) le convierten a uno en izquierdista o “guerracivilista”.

La historia, insisto, y como he dicho anteriormente, es la historia. Y así debe tratarse y usarse. Con responsabilidad, y especialmente con respeto. Con respeto a la propia historia, de la que algunos solo se acuerdan en época de campañas y mítines electorales, a los historiadores, investigadores y  profesionales de la historia que se dejan su tiempo, su esfuerzo y su dinero en estudiar, de forma desapasionada en lo ideológico y apasionada en lo vocacional, nuestro pasado histórico y nuestro patrimonio cultural.

Creo, como dije anteriormente, que la historia no necesita de planes ideológicos y enfoques partidistas en programas electorales, no necesita de instituciones que blanqueen o reinventen el pasado histórico ni de España ni de sus regiones, y sí necesita un pacto de estado en lo histórico, como en lo educativo, en el que las formaciones políticas renuncien clara y nítidamente, de forma definitiva, a parcializar y politizar la historia, y se comprometan  a tratarla con el respeto que merece y a difundir, sin prejuicios, vetos ni clichés lo mejor y lo peor de nuestro pasado histórico. Porque en ello, en la historia veraz y total, está, realmente las señas de identidad de lo que somos y de lo que seremos.

 

La memoria histórica se cuela en las elecciones

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Por primera vez en más de una década, las principales formaciones políticas que se presentan a las elecciones generales de este mes de abril de 2019 llevan, en alguna medida, propuestas relativas a la memoria histórica, lo cual evidencia que, frente a lo que dicen o quieren hace ver algunas formaciones, la temática de memoria histórica es un elemento que importa e interesa a una parte importante de los españoles

Sin duda los recientes debates en los últimos meses relativos a interpretaciones o re interpretaciones de la historia por parte de determinadas formaciones y el enquistado problema de la exhumación de los restos del dictador en el Valle de los Caídos, así como el ya inevitable debate en torno a la memoria de los represaliados, la reparación y la búsqueda de la verdad de los últimos años ha  provocado que las principales formaciones parlamentarias, tanto de derecha (tradicionalmente hostiles a hablar de dicho tema) como de izquierda se hayan visto obligadas a hablar clara y nítidamente y posicionarse en torno a los debates memorialistas e históricos

Aunque no todos tratan el problema de igual manera, frente a un Podemos que aborda en profundidad y con gran cantidad de medidas hasta un Vox que limita el tema a la mera derogación o la ambigüedad siempre característica en este tema de Ciudadanos, podríamos a gran escala definir dos ejes de acciones políticas con respecto a las políticas de memoria en estas elecciones; un bloque progresista, liderado por PSOE y PODEMOS que, a grandes rasgos, apuestan por profundizar o conservar y ahondar en la política de memoria histórica, reparación, verdad y justicia, y un bloque conservador, liderado por PP y VOX que se mueve entre la reforma o directamente la derogación de dichos aspectos y temáticas.

En el primer caso, como dijimos, el partido que más se compromete en estas elecciones con la memoria histórica y democrática es PODEMOS, que en su programa recoge la memoria histórica tanto a nivel nacional como específica del colectivo romaní y apuesta por;

“Revertir esto de acuerdo con los principios de los derechos humanos en torno a los ejes de verdad (poder conocer lo ocurrido), justicia (llevar a los responsables ante los tribunales), reparación de las víctimas y no repetición (garantizar que no persisten hoy elementos que siguen causando daño). Para avanzar en este camino, retiraremos las medallas concedidas a Billy el Niño y a otros torturadores del franquismo, modificaremos la Ley de Amnistía para que se puedan juzgar los crímenes de lesa humanidad del fascismo, tal como hace ineludible el derecho internacional —que se incumple ahora en España—, y anularemos los juicios del franquismo.

También declararemos nulas las condenas y sanciones de tribunales, jurados y otros órganos penales, administrativos o militares dictadas durante la guerra civil española o la dictadura por motivos políticos, ideológicos, de creencia o de orientación sexual, identidad o expresión de género. Al mismo tiempo, hay que señalar que el régimen franquista no solo fue una maquinaria autoritaria diseñada para la represión, sino que operó también como un mecanismo de saqueo y expolio hacia familias de la jerarquía franquista. Por ello, una de las claves en la reparación es auditar de los bienes expoliados por el franquismo para devolverlos a sus legítimos titulares”.

Mientras que, específicamente, introduce la memoria histórica del pueblo romaní y apuesta por crear una;

“Comisión Nacional de la Memoria Histórica y la Reconciliación con el Pueblo Romaní en España. En la comisión, participarán diputados y diputadas, senadores y senadoras, personal de la Administración y personas romaníes expertas….. para la erradicación del antigitanismo, que reconocerá el impacto diferencial que tanto la realidad histórica romaní como la configuración institucional presente ejercen hoy día sobre sus derechos, y desarrollará y hará efectivo el derecho internacional con respecto al tratamiento de la población romaní, asumido por España con carácter vinculante”.

En el mismo bloque, el PSOE, partido actualmente en el gobierno, autor de la famosa Ley de Memoria Histórica del año 2007 durante el gobierno socialista de Zapatero y objeto de las principales críticas por parte de los conservadores españoles apuesta, de una forma más moderada y limitada, por dar;

“Un nuevo impulso a la Ley de Memoria Histórica y a las políticas de reparación de las víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura. Siguiendo las recomendaciones de las Naciones Unidas, el Estado asumirá directamente la gestión de las políticas y actuaciones de búsqueda de la verdad, justicia y reparación a las víctimas. Aspiramos a que la Memoria Histórica se convierta en una política de Estado, como Memoria Democrática de futuro”.

En el bloque contrario, encontramos a las dos principales fuerzas del bloque conservador que de una forma más abierta han criticado todo lo relacionado con la memoria histórica y democrática, y que se ha manifestado en la práctica ya con el nuevo gobierno de la Junta de Andalucía salido de las pasadas elecciones autonómicas de finales del 2018 formado por el PP con los votos de Ciudadanos y VOX, que exigió ya desde la campaña electoral  erradicar de una forma total y absoluta a la Ley de Memoria Histórica y Democrática aprobada por la Junta de Andalucía hace dos años, y sustituirla por una legislación de “concordia” abstracta, poco clara y aun no bien definida ni por los miembros de VOX ni por el nuevo gobierno andaluz, que ha dejado en el aire qué tipo de nueva legislación va a quedar aprobada, aunque es claro ya su firme compromiso por erradicar, al menos ya en Andalucía toda la legislación autonómica realizada ya en materia memorialista.

En este sentido el más duro de ambos es, como es evidente, el programa de VOX, que se limita a pedir la;

“Derogación inmediata de la Ley de Memoria Histórica. Ningún parlamento está legitimado para definir nuestro pasado, y menos excluyendo a los españoles que difieren de sus definiciones. No puede utilizarse el pasado para dividirnos, al contrario, hay que homenajear conjuntamente a todos los que, desde perspectivas históricas diferentes, lucharon por España”.

Es decir, una política claramente punitiva y represiva limitada a derogar lo ya realizado sin apostar por una alternativa o un compromiso positivo en lo relativo a materia memorialista e histórica. Por otro lado, el PP, y en este sentido llama la atención por ser la primera vez en 40 años que dicho partido presenta propuestas y medidas en lo relativo a la memoria histórica manifiesta que;

“Aprobaremos una Ley de Concordia que derogará la Ley de Memoria Histórica. Una ley que incluya a todas las víctimas y que haga del recuerdo de los hechos históricos un alegato en favor de la libertad y la paz, la tolerancia y la convivencia, para que nunca más, por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia, vuelva el odio y la violencia entre españoles”.

Básicamente, en la misma linea y programa que el PP andaluz de Moreno Bonilla que, sin embargo, no ha definido ni especificado en qué va a consistir esa Ley de Concordia, quien se va a beneficiar, a quien va a atender y en base a qué criterio se puede equiparar a víctimas, quienes se consideran las “otras” víctimas no republicanas cuya memoria y derechos deban ser reparados y que no lo hayan sido ya durante los 40 años del régimen franquista, y qué  se piensa hacer con todo el entramado asociativo creado ya hace más de una década en este país en lo relativo a personas, asociaciones y programas locales y provinciales de recuperación de memoria, fosas, reparación de daños, búsqueda del pasado y la verdad y justicia para los represaliados.

Entre medias de ambos bloques, como decimos, un Ciudadanos cuyo programa aun no queda claro y que nunca se pronuncia con claridad y nitidez en estos temas, por su tendencia histórica a contentar a votantes de todos arcos políticos.

A pesar de ello y del interés mostrado por algunos partidos, la falta de consenso y de una acción conjunta parece que seguirá enquistado un problema, el de la memoria histórica, que no parece tener a corto plazo una solución clara por la falta de coordinación en el tema, como muy bien ha definido recientemente Alberto Reig;

“Si verdaderamente se quiere terminar con esta cuestión, dado que las víctimas de los vencedores las tienen cristianamente enterradas, beatificadas, honradas y recordadas en sepulturas dignas, la solución es bien sencilla: hacer un pacto de Estado entre todos los partidos para que no quede ni un solo español mal enterrado. Entonces acabará definitivamente la Guerra Civil”.

 

En definitiva, y como dije en el primer artículo de la columna, en estas elecciones y por ello en el futuro próximo español que se abre con estas nuevas elecciones, se nos abren dos tipos de propuestas; frente a un bloque progresista pluripartidista que apuesta por mantener, profundizar y ahondar en la memoria histórica de los represaliados, de las víctimas y de los que han padecido por traer los derechos y libertades de los que ahora gozamos en nuestro país, se abre un bloque conservador a dos, principalmente, que se mueve entre la ambigüedad de una “concordia” abstracta e indefinida y entre, abiertamente, un ataque frontal, punitivo, represivo y combativo a todo lo relacionado con la memoria histórica y democrática y la reparación de los luchadores por las libertades colectivas.

Lo que queda claro de esta campaña es que, por primera vez en 40 años, por primera vez desde los duros años de la transición española en los años 70, la memoria histórica y democrática entra en la agenda política de las fuerzas políticas nacionales, reivindica su espacio en el debate político y parlamentario y evidencia que, al menos de momento, llega para quedarse y manifiesta claramente que el pasado, frente a lo que nos han querido decir en las últimas 8 décadas, importa y afecta a los españoles.

La lucha por la memoria

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Tener memoria histórica nos permite disponer del conocimiento necesario para afrontar el futuro en clave de progreso“. Francisco González Vicente

Que sean mis primeras palabras y mi presentación con esta columna en Esloquehay de agradecimiento y orgullo por la confianza puesta en mi trabajo, mis conocimientos y mi experiencia. Escribir, a día de hoy, una columna periódica en un medio serio, riguroso y responsable como éste, es una gran tarea y una gran responsabilidad, pero es sobre todo, un deber y un compromiso con el presente, y especialmente, con el futuro.

Es, por ello, con una preciosa y precisa frase acerca de la necesidad de la memoria como compromiso para construir un futuro mejor y más justo, tomada de mi predecesor en materia de memoria en esta página, como he decidido abrir esta primera columna de presentación y tratar de explicar por qué es necesario, a mi juicio la memoria histórica y la lucha intensa que es necesario abrir en nuestra sociedad para ella.

En primer lugar, me gustaría explicar, brevemente, qué entiendo yo por memoria histórica, y en ese sentido, por qué es necesario tener una política de memoria presente en nuestra sociedad. 

La historia, además de su papel puramente académico o como herramienta de apoyo a las necesidades humanas, es frecuentemente un campo de batalla de las ideologías más dispares, y frecuentemente su uso se justifica para defender determinados posicionamientos ideológicos, lo que ha provocado que el pueblo en general tenga un punto de vista negativo de la historia como algo parcial, subjetivo y poco fiable.

Recientemente, el auge de determinados partidos ha provocado todo un torbellino de reacciones que han derivado en la historia, al reclamar dichos partidos un mayor peso en la historia de hechos del pasado histórico español, como la reconquista cristiana, la colonización de América  o la época del imperio español, y más recientemente al reclamar un rechazo frontal y absoluto a todo lo relativo a la memoria histórica, plasmado en sus compromisos de derogar la Ley de Memoria Histórica y Democrática aprobada por la Junta de Andalucía hace dos años, y sus constantes actitudes de desafío a aquellos que llevan años trabajando por recuperar la memoria de las víctimas represaliadas del régimen franquista.

Pero también, cuando les interesa, usando la memoria histórica del periodo republicano para sus causas políticas, tal y como pudimos comprobar hace unos días con la firma de algunos de estos partidos de un compromiso con los sectores más ultras defensores de “la integridad” del Archivo de Salamanca, fondo documental de la guerra civil que entró en polémica durante el gobierno socialista de Zapatero, el cual se comprometió a devolver los documentos relativos a dicho periodo que fueron expoliados a Cataluña (como a todas las regiones españolas) por parte del régimen franquista, y que no supone un compromiso de estos partidos con las justas reivindicaciones memorialistas, si no que esconde una nueva artimaña para alinearse con lo más reaccionario del panorama historiográfico español y utilizar, cuando les interesa, la historia y la memoria para castigar a una parte de la población.

Para algunos, la historia y la memoria la entendemos como la búsqueda y explicación del pasado, una historia que sirva para comprender, una historia que reconstruya el pasado y en resumen una historia que sirva para buscar nuestra identidad y personalidad como colectivo.

Por otro lado, debe ser también la historia algo práctico, un servicio para ayudar a las personas a nivel individual a entenderse a sí mismas y a buscar su identidad como personas dentro de la identidad colectiva como sociedad. En esta tarea, se han empeñado, desde hace más de una década con la fundación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y de los diversos Foros por la Memoria, aquellos que defienden y trabajan por una verdadera memoria histórica, desapasionada en lo ideológico, pero pasional en la defensa de la sociedad, y de los derechos de aquellos familiares y víctimas que, desde hace 80 años, han sufrido el olvido, la humillación y el silencio impuesto de forma obligada durante los 40 años de franquismo y de forma “sugerida” durante estos últimos 40 años de régimen democrático.

Y es que, como sabemos muy bien aquellos que llevamos años trabajando en los archivos, pero también con los familiares que sufrieron la represión franquista, la búsqueda de la identidad es una necesidad humana, psicológicamente identificada e históricamente comprobada, y el historiador y la historia, sin manipulaciones, sin manuales preconcebidos o ejes ideológicos fijados, debe jugar un papel central en la sociedad para guiar a los individuos en el camino de poder encontrarse  sí mismos, y solo cuando entendamos la historia de forma desmitificada y racionalizada podremos encontrarnos a nosotros mismos como personas y como sociedad, aceptarnos y convivir entre nosotros.

En nuestro Sanse, algunos entendemos y apreciamos el trabajo hecho recientemente durante estos últimos 4 años de legislatura por parte de los partidos progresistas del Ayuntamiento, de los familiares de los represaliados, de la Comisión de la Verdad, y de la sociedad civil en general en materia de memoria histórica, y que se ha materializado en  el pleno municipal de abril de 2016 con el reconocimiento público a los represaliados del franquismo, la apertura del Rincón de la Memoria en El Caserón, la colocación de una placa homenaje a las víctimas del franquismo en uno de los laterales del Ayuntamiento, la colocación en el Centro Municipal de Formación Ocupacional de un mural conmemorativo dedicado a todos los represaliados víctimas de la dictadura y la contribución, conjuntamente con otros consistorios municipales del norte de Madrid, a la colocación de un gran mural en conmemoración a todos los vecinos del norte de la capital, entre ellos de Sanse, que fueron fusilados en 1939 en Colmenar Viejo y enterrados en una fosa común del cementerio, donde aún hoy en día se encuentran.

Todo ello ha evidenciado que, desde hace 4 años, y es justo decirlo y reconocerlo, a diferencia de lo hecho en las últimas 8 décadas de historia municipal, se han dado grandes pasos en este tema, y que Sanse es ya una ciudad sensible y sensibilizada con las justas reclamaciones de la memoria histórica.

Pero no nos debemos engañar; ante nosotros se abre una amenaza y una lucha futura muy dura que va a amenazar seriamente los derechos de los represaliados y familiares y la existencia misma de la memoria. El incumplimiento de la Ley de Memoria Histórica de forma sistemática por parte de muchos ayuntamientos locales  y diputaciones provinciales en los últimos 12 años, el recorte presupuestario en temas de memoria histórica, localización de fosas y reconversión memorialística de los lugares de la represión franquista por parte de los casi 8 años de gobierno del PP de Mariano Rajoy y las trabas, tirones y dificultades evidenciadas durante el reciente gobierno socialista de Pedro Sánchez, especialmente evidenciado en el tema del Valle de los Caídos, y la oposición frontal de los partidos de la derecha conservadora, nos hacen temer de forma muy justificada que tanto a nivel local en Sanse, autonómicamente en Madrid y a nivel nacional, aquellos que enarbolan la bandera del olvido obligado van a hacer todo cuanto sea posible por enterrar, como se enterró hace 80 años, de forma obligada todos los logros y pasos que en estos años hemos dado en todo lo relacionado a lo que, simplemente, es la defensa y el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales.

En definitiva, y recogiendo el título de mi presentación, se nos presenta, lo queramos o no, una lucha intensa y decidida de aquellos que, simplemente nos definimos y consideramos demócratas, por la memoria, por la verdad, por la justicia y por la reparación de aquellos cuyos derechos y cuya dignidad se intentó aplastar hace décadas y que ahora, sencillamente, piden que se repare. Ellos no piden demasiado, y para nosotros, para aquellos que queremos seguir construyendo un Sanse, un Madrid y una España más justa y democrática es un deber ético y moral que les debemos, que nos debemos.

Es hora, pues, de levantar la bandera de la verdad.