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De símbolos y creencias

Tres edificios dispuestos en forma de “U” con las aulas, los talleres de practicas, los despachos…  en medio, un gran patio presidido por un gran crucifijo en la parte alta del edificio central. El instituto contaba también con otro edificio con el comedor y las cocinas y otro con las habitaciones de los estudiantes. Unos quinientos chavales de entre 13 y 17 años residíamos allí, era útil para poder asistir al instituto cuando en el pueblo donde habitualmente residías, no había instituto, le llamaban “el internado”. A las 7 de la mañana sonaba la sirena, todo el mundo en pie, como en los cuarteles, 15 minutos para el aseo personal y bajar al patio, formación tipo regimiento militar, rezo al crucifijo, al comedor a desayunar y luego a clase.

Esto lo viví solo el primer año de instituto, el segundo ya desapareció lo de la formación y rezo en el patio, hacia dos años que había muerto el dictador, se iba a aprobar una constitución que decía que España es un estado laico. Bien recibido debió de ser por todos aquellos que no aceptaban la imposición de culto a una imagen o que sencillamente no creían en la doctrina que representaba aquella imagen. Justo me pilló en ese momento en que empezaba a hacerme preguntas sobre todo aquello que me habían inculcado en la familia, en la escuela, en todos los entornos vividos hasta entonces.

Por lo estudiado en la asignatura, entonces llamada, ciencias naturales, (biología, geología, etc.) no podía cuadrar lo del supremo creador, del que nos hablaban en la clase de religión, pero dejando a la libertad de creencia, de pensamiento o de principios filosóficos de cada cual, ese concepto abstracto de si existe, o no, un ser, fuerza, elemento material o inmaterial que explique o  justifique la existencia de los seres vivos en este planeta, del propio planeta  y del universo, donde me chirriaban los oídos y se me activaban todos los sensores corporales era  cuando me presentaban símbolos, imágenes, estatuas, esculturas… obras de arte muchas de ellas, sin duda, pero que al mostrármelas como elementos de adoración y culto en relación a ese pensamiento de aceptación del ser supremo creador, se me escapaba al entendimiento, o quizá no, quizá interpretaba que estaban interesadamente creadas (las figuras, digo) como herramientas para cohesionar a la gente en torno a ese pensamiento. Pensamiento e imágenes que habían hecho de red salvavidas de un régimen y de una clase dominante y privilegiada que en aquel año 1978 creímos ver desaparecer, la red salvavidas que no la clase dominante y privilegiada, a esta, habría que combatirla también con otras herramientas.

Hoy, casi medio siglo después, varias generaciones de por medio y un mestizaje ideológico y cultural evidente en la sociedad española, aunque no admitido y aceptado por algunos, pero no por ello menos evidente, seguimos viendo (y sufriendo) el empeño de los que hace casi 50 años (o sus herederos intelectuales) nos empujaban u obligaban a rendir culto a las imágenes y símbolos que representaban a una creencia religiosa, supuestamente mayoritaria en España (digo bien lo de supuestamente, porque los datos estadísticos para adjudicar esa mayoría son dignos de un análisis exhaustivo)

Que el empeño en promover o difundir la doctrina de la religión católica venga de la institución creada a tales efectos, no sorprende ni ha de tener mayor transcendencia. Que ese empeño cuente con el apoyo de las instituciones públicas, si es transcendente. La institución encargada en defender y promover la doctrina católica ya cuenta con espacios físicos y virtuales sostenidos económicamente con el presupuesto común, o sea, de todos, en donde libremente pueden acudir todas aquellas personas que encuentren alguna motivación o placer en hacerlo. El conjunto de la ciudadanía le financiamos esos espacios para su uso y disfrute a la vez que pagamos el salario a los guías espirituales que a los fervorosos creyentes católicos les gusta tener.

Estos cuatro días pasados se han celebrado unas fiestas, tal vez sea perverso llamarle fiestas, ya que la celebración viene a consecuencia de la muerte del hombre que al entender de los creyentes fue su profeta. Seria muy largo hacer un análisis sobre la existencia cierta de un personaje del que no hay referencias históricas mas allá de las propias en los libros escritos al efecto de difundir su doctrina. En cualquier caso, desde todos los estamentos del Estado se sigue dando por valida la creencia en la existencia del llamado Jesús de Nazaret, haciendo oficial la celebración de estas fiestas conocidas como Semana Santa.

Puedo entender que las manifestaciones populares que habitualmente se realizan en estos días en casi todos los rincones de España, sean vistas como un elemento de cultura popular, ya que viene de siglos de tradición, manifestaciones, por otro lado, en donde se pueden observar elementos artísticos plásticos, sonoros y visuales. No puedo entender, sin embargo, la adoración y culto a las figuras, que nada tiene que ver con la creencia intima y personal en la hipotética existencia de un ser supremo creador. De igual modo que tampoco puedo entender cómo, todas las administraciones públicas se posicionan a favor de las manifestaciones religiosas. Para la utilización de espacios públicos nunca hubo ningún impedimento (excepción hecha en los momentos actuales debido a una crisis sanitaria global, para las manifestaciones religiosas y cualquier otra de parecidas características) y no debiera ser de otra manera, pero el mismo criterio debió usarse siempre respecto a otro tipo de manifestaciones. La historia reciente la tenemos llena de ejemplos de trato desigual, de la historia mas lejana no detallaremos por motivos obvios.

Para resumir, esta muy bien que las personas disfruten de libertad de pensamiento, de creencias, de culto… y que el Estado garantice el ejercicio de ese derecho. No es correcto, sin embargo, que el Estado se posicione del lado de una determinada doctrina religiosa, dado que ese Estado es el paraguas bajo el que conviven personas con muy distintos pensamientos, culturas, credos o doctrinas y, por tanto, debe ser un elemento neutro en cuanto a cuestiones morales se refiere.

          *Texto extraído de la intervención en AlcoSanse Today (Radio Utopía) por Rafa Rivas

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