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¡Menos ínfulas, caballero! (Anécdota significativa junto a una de las casetas de San Sebastián de los Reyes en la fiestas de 2017)

Uno de los días de las ferias estábamos charlando animada y amistosamente en círculo unas ocho personas frente a una caseta de las fiestas. Estábamos a unos nueve o diez metros de la entrada, en un sitio público y bastante amplio donde no había mucha gente en ese momento (prácticamente solo nuestro grupo, en un amplísimo espacio).

Estábamos comentando que habían echado a una compañera de la administración de un partido político ese mismo día, sin explicaciones previas, así sin más, como acostumbran a hacer los malos empresarios. El partido en cuestión era uno de los que ocupaban la caseta ante la que estábamos sin un gesto, ni un grito, ni una pancarta por nuestra parte, solo comentando los hechos, sin más.

De pronto, una persona salió de la caseta, se dirigió al grupo, y apartando de los hombros (hay que señalar que sin ejercer mucha fuerza, más o menos como cuando en un grupo alguien quiere abrirse camino para acercarse a otro contertulio, por ejemplo), a una de las señoras del grupo, pasó por medio de todos los reunidos.

La persona a la que apartó no llegó a ser consciente de lo que pasaba, ya que pensó que era alguno de los contertulios que la apartaba sin especial brusquedad para acercarse a otro. Los demás que si lo vimos, nos quedamos sorprendidos por esta actitud innecesaria, comentamos que en nuestras familias nos habían enseñado a no irrumpir sin más y habiendo espacio por mitad de un grupo que está charlando y que no impide el paso de ninguna manera. A mí me comenté, me enseñaban mi padre y mi madre cosas como: “hijo, no se debe molestar sin necesidad a la gente”. Y, si surgía el caso, explicaban: “nunca pases entre gente que esté charlando, salvo que estén ocupando el espacio por el que vas a pasar y no haya otro camino y, para ello, pidiendo paso con educación, ya que las personas peden haberse reunido casual, inadvertida y momentáneamente (en el franquismo no podía ser de otra forma) y no hayan caído en retirarse para dejar paso”. Así me enseñaban mis padres. Repito que en esta situación había todo el paso necesario y más.

Y yo me pregunto: ¿por qué actuó así esta persona, por cierto cargo público? Y no hallo respuesta, salvo que se nos quisiese indicar de alguna forma, o bien que aquí estoy yo y paso por donde quiero, o bien que paso por medio porque no tengo nada que ocultar en lo que concierne al despido en el día de hoy de la persona que trabajaba con mi grupo, lo que me consta que los que estáis reunidos criticáis, y para que captéis que no me oculto ni achico, y por eso paso entre vosotros sin necesidad de hacerlo y sin disculparme. Todo eso cabe pensar.

Y yo manifiesto: la educación, las formas, no se pueden perder nunca, salvo que medie una provocación y eso siempre de forma adecuada a la ofensa (aquí no había). Y añado por el bien de todos que es mejor no actuar así, ya que alguien (con cierta rapidez de pensamiento y consciente de cómo sacar partido de ciertos errores nacidos, muchas veces de tener un alto concepto de uno mismo y de lo que hace, señor político), dándose cuenta de que lo retiran, empieza a quejarse de viva voz ante este desplazamiento inadecuado y entonces podría haber un innecesario escándalo. Todo esto lo escribo porque, tras pensarlo un tiempo, me veo en la obligación de hacer una reflexión sobre cómo llevar adelante una convivencia adecuada, crítica, por supuesto, y respetuosa. Por tanto, antes de actuar, aunque sea en cosas de aparentemente poca importancia, midamos nuestras acciones y no hagamos que alguien pueda pensar: ¿no será que tiene usted demasiadas ínfulas, caballero?

Celestino

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1 comentario
  1. Rafael
    Rafael Dice:

    Ese grupo de personas nos reunimos esa tarde para comentar el despido de una compañera, despedida de forma torticera, con nocturnidad premeditacion y no se cuantas cosas mas. Esa persona y los otros estaban jodidas porque les hubiera encantado saber de que hablabamos, lo que quisieron demostrar con la actitud de ese señor fue una demostracion de fuerza, de aqui estoy yo y paso por donde me sale de las pelotas así fue. Siempre nos educaron que había,que pedir disculpas o pedir permiso para cruzar por medio de una conversacion

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