Jaime y Cine DD.HH.

“Si cuentas una historia sobre la gente, tiene que ser una historia de derechos humanos”

Hoy jueves 3 de diciembre comienza la XIII Muestra de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián de los Reyes. Superadas todas las incertidumbres que la pandemia nos ha puesto en el camino, podremos disfrutar de este referente cultural de la vida del municipio como siempre, presencialmente, manteniendo una de sus señas de identidad, el coloquio con los autores.

El Teatro Auditorio Adolfo Marsillach será el escenario para garantizar una #CulturaSegura.

Jaime Iglesias Gamboa es Coordinador de Programación de la Muestra desde hace ocho años y hemos querido que fuera él quién nos desvelara los obstáculos para organizar la Muestra en este extraño año o qué ha cambiado en los contenidos de este tipo de cine en los últimos años.

¿Qué pretende una muestra como ésta?

J.I.- Hay un punto de partida que es reivindicar el cine como herramienta de sensibilización para cuestionar determinados escenarios sociales. Dicho esto, si alguna pretensión marca nuestra propuesta de programación, año tras año, es el deseo por huir de lo obvio, de aquellas películas realizadas para reafirmar al espectador en una serie de postulados o de convicciones. Personalmente repudio el cine que ofrece respuestas. Por el contrario, valoro enormemente aquellas películas que nos interpelan, que nos hacen preguntas, que nos llevan a escenarios incómodos sin condicionar la capacidad de reflexión del espectador ni someterla a una hoja de ruta.

¿Qué dificultades ha tenido que sortear este año la organización de la muestra?

J.I.- Cuando estábamos confinados allá por el mes de abril, leí una entrevista a una psicóloga estadounidense en la que ésta afirmaba que el ser humano está programado para gestionar la pérdida pero no para gestionar la incertidumbre. Yo creo que esa ha sido la principal dificultad a la que todos nos hemos enfrentado en este año tan raro, la de afrontar proyectos sin tener la certeza de que dichos proyectos pudieran llegar a realizarse y eso, reconozcámoslo, genera mucho desasosiego. Poner todas tus energías en la materialización de algo que luego puede que no se lleve a cabo, es frustrante. Pero yo creo que esta pandemia nos tiene que hacer ser más humildes, vivir en el día a día, preocuparnos de lo inmediato y no hacer planes a medio o largo plazo porque las cosas pueden cambiar de un día para otro. Sobre ese presupuesto, a finales de mayo hubo una primera toma de contacto con el Ayuntamiento en la que se decidió que si este año la Muestra se hacía era obligado que se hiciera íntegramente en el Teatro Adolfo Marsillach pensando en las restricciones de aforo recomendadas. Después, en agosto, pude asistir al Festival de Málaga, que fue el primero de los grandes festivales el celebrarse en España (estaba previsto para marzo pero hubo de ser cancelado tras el confinamiento) y de allí salí animado y con muchas ideas, viendo que era posible organizar un evento de esta magnitud con garantías, algo en lo que me reafirmé tras acudir apenas unos días después al Festival de San Sebastián. A partir de ahí nos pusimos manos a la obra contactando con distribuidores, productores, directores y agentes de prensa para armar una selección de películas más modesta que en anteriores ediciones pero igual de potente en lo que se refiere a calidad y variedad de enfoques. A finales de octubre nos reunimos con la dirección del Teatro y con los técnicos y vimos la viabilidad de la programación propuesta y lo demás ha sido un adaptarse a los tiempos porque en noviembre se suspendieron muchos festivales, mientras que otros se celebraron on line y no sabíamos si las restricciones o los confinamientos podrían ir a más, en cuyo caso nos hubiéramos visto obligados a cancelar la Muestra o a posponerla porque lo que sí tuvimos claro desde el principio es que no íbamos a hacer una Muestra on line dado que nuestro principal activo, aquello que ha venido definiendo la Muestra de Cine y Derechos Humanos de Sanse desde el principio, han sido los coloquios con el público. Este año tendremos dos coloquios on line pero si hubiésemos hecho un festival enteramente on line hubiéramos renunciado a esa interacción con los espectadores que es nuestra razón de ser.

¿Qué cuenta el cine que se sumerge en los derechos humanos hoy que no contara hace trece años cuando empezó la Muestra?

J.I.- Puede parecer una paradoja coordinando la programación de una Muestra dedicada al cine y los derechos humanos pero a la hora de programar no tengo muy presente la etiqueta “derechos humanos”. Kleber Mendonça Filho, director de Bacurau (que este año podremos ver en la Muestra) dijo recientemente en una entrevista: “Si cuentas una historia sobre la gente, tiene que ser política”. Yo hago mío ese pensamiento y creo que “si cuentas una historia sobre la gente, tiene que ser una historia de derechos humanos”. Otra cosa es que cuentes una historia sobre hadas, brujas, princesas, hobbits o personajes de cómics. Yo creo que en estos trece años, la representación de eso que llamamos “la gente” ha ido perdiendo peso en el mainstream cinematográfico, es decir, en las grandes superproducciones y quienes se mantienen firmes en su empeño por hacer un cine independiente, un cine al margen de la gran industria, se ven condenados a trabajar cada vez más en precario. Sin embargo, siendo ésta una situación indeseable, lo cierto es que esa precariedad ha ampliado los márgenes de libertad y la pujanza de esos otros creadores porque, como dice David Trueba (nuestro invitado a la inauguración de este año), justamente cuando nadie espera ya que hagas nada, es cuando hay que hacerlo. Y en ese sentido, fuera de los cauces de distribución habituales hay una cantidad ingente de películas que siguen hablando de la gente y, como tal, de los derechos humanos. Si algo ha cambiado en estos trece años es que esas visiones sobre la gente son cada vez más radicales, menos complacientes, más auténticas, porque no están realizadas pensando en una explotación comercial del producto, a todas luces incierta, sino que son obras que nacen de la necesidad de acudir a esos escenarios de incomodidad a los que aludía antes. El cine que, actualmente, se hace “sobre la gente” es cada vez menos condescendiente.

¿Cómo titularías este año la Muestra? 

J.I.- Yo cuando escribo un artículo el título siempre lo dejo para el final, confiando en que haga justicia al contenido del escrito. En este sentido, el título de esta Muestra tendremos que ponérselo el día 8 de diciembre a eso de las 22:30, cuando concluyamos el coloquio con Víctor García León, director de Los europeos. Pero, de entrada, sí que me gusta poner el énfasis en una etiqueta que ha acompañado todas nuestros posts en redes sociales este año: #CulturaSegura. Y es que, la cultura, que para muchos gobiernos entra directamente en la categoría de “actividades no esenciales” es uno de los sectores que mejor ha hecho los deberes de cara a adaptarse a esta situación que estamos viviendo. Los cines y los teatros llevan cinco meses abiertos y no se ha producido ningún brote en los mismos. Creo que se está perdiendo una oportunidad de oro para modificar los hábitos de ocio de la población inclinándolos hacia el consumo de productos culturales.

 

 

 

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