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Preciosa1

Descalza y sin bragas.

Septiembre es el mes de la concienciación de la Alopecia.

Más de la mitad de la población masculina (65% aproximadamente) padece Alopecia, y una de cada seis mujeres también padecen algún tipo de pérdida anormal del cabello. En España, segundo país con más calvos en el ranking mundial, el 42% de la población española sufre algún tipo de Alopecia.
 
Voy a contaros mi única, gran y corta historia. Realmente, diminuta en este mundo.
 
Cuento esta historia para ayudar a visibilizar y, sobre todo, a normalizar, la locura de perder el pelo.
 
Tenía un pelazo de esos que una peluquera quiere pillar por banda, pelazo que hacía torcer cabezas. morena, y pelazo también por todo el cuerpo.
 
Ahora tengo “Alopecia Areata”. Un par de meses ( estoy teniendo suerte con la seguridad social) de análisis, pruebas, más pruebas, más análisis… un cachito de mi cabeza y… pum, ALOPECIA AREATA!!
 
Es una enfermedad autoinmune, que afortunadamente solo afecta al pelo y cuando no hay otra causa física, se relaciona su aparición con haber sufrido un episodio fuerte de estrés, una gran depresión, un periodo límite de ansiedad. A mí, me la detonó un tinte. Y sí, podía tener estrés, podía no estar pasando el mejor momento de mi vida y podía salir de repente también un estrés acumulado así de bestia porque el estrés, la ansiedad, la tristeza, a veces se sienten, y a veces te comen sin darte cuenta. A mí me han comido el pelo, y de momento, trabajaré para que no se coman nada más.
 
La prisa mata amigo… (frase que me traje de Marruecos y por lo visto nunca me empleé).
 
Lo que sea lo detonó un tinte que me ardió en la cabeza… y ahí empezó todo.
 
Fueron cuatro meses, de diciembre a marzo, viendo a diario caer mechones y mechones de pelo, bolas de pelo del tamaño de una pelota de béisbol. Por toda la casa había pelos, que luchaban con los de mi perro por ver a quien barría más. Tenía tanto pelo, caía tanto pelo a diario que creí volverme loca. Sentía que estaba viviendo una pesadilla, no me lo podía creer, por qué? Por qué? Por qué a mí? Por qué a mí? Con el pelo que tengo!! Tiene que ser el tinte… una locura, ahí si sentí el estrés!
 
Ahí si aparecieron estrés y depresión, dos colegas (no amigos), a los que saludo cada mañana y les digo, ¡hasta mañana, hoy no!.(Reconozco que quedan migas en el mantel que sacudir).
 
Les dejaré de ver seguro, o aprenderé a vivir con ellos, porque el fin de esta historia es el título.
 
Cuatro meses hasta que decidí raparme, cuatro fríos meses de invierno viendo caer mi más preciado abrigo, mi personal manta zamorana, porque que pelo tenía…
 
Cuatro meses de gorros, gorras, capuchas, pañuelos…, vergüenza, dolor, miedo, ansiedad, agonía, tristeza, llantos, depresión… pfff. Pero cuatro meses también de mucho amor, de mucho apoyo, mucho ánimo. Cuatro meses de pensar, meditar, de perdonar y perdonarme. Cuatro meses para aceptarme, a pesar de que desde el primer día bromeara y me prometiera ser valiente.
 
Me rape, con mi hermano y mis amigas. Me hubiera gustado grabarlo y hacer algo guay y especial pero al final fue un: ¡venga a hacerlo! Y ya, ¡qué alivio!. No llevaba un mes cayendo el pelo que ya deseaba hacerlo, pero aguanté haciendo un reportaje diario fotográfico del desastre.
 
Rapados al dos los pocos pelos que quedaban, me sentí libre. Luego cayeron la cejas y pestañas y me dio otro bajón, la chica sin rostro, un extraterrestre, alien,… En unos días me acostumbré, no era peor que como con cuatro pelos, me sentía Golum buscando el anillo por casa. Seguí saliendo con gorra un tiempo, aún no me sentía yo, y aún no me siento yo, no me siento la yo de antes, pero empiezo a sentir a la yo de ahora.
 
Y la yo de ahora tiene la necesidad de sentirse libre y no juzgada. De escribirme en la frente para que lean los que me miran boquiabiertos, ¡qué soy calva hasta las cejas!. ¡Qué no tengo cáncer!. ¡Qué no estoy pasando por una quimio! ¡Qué las personas, que desgraciada y realmente tienen que pasar por algo tan físicamente ya doloroso, tampoco tengan porqué pasar por la vergüenza y el dolor mental que causa la caída del pelo! Sobre todo y como siempre, las mujeres.
 
El caso es que así estoy, así me veo. Calva de la noche a la mañana. Hay mujeres que tras 20 años con alopecias, (hay muchos tipos), no son capaces de decirlo, ni siquiera de mirar su reflejo en el espejo. Me duelen más esas mujeres que haber perdido el pelo. El dolor que sienten lo comparto, y aunque trate con él de otra manera, las entiendo. Tengo empatía con ellas, y con ellos también. Aunque esto va por y para nosotras, ellos también lo sufren aunque esté normalizado.
 
Me acabaré aficionando a las pelucas, seguro, como un complemento más, como algo que me quite el frío y, quizá, si sacan algo demostradamente infalible, lo tome también. ¡Porque me encantaban mis moños! Pero de momento, lo acepto. Me acepto así.
 
Todo este humor, toda esta ironía que me traigo con la vida me ayudan una barbaridad. Porque es un trago duro. Llevo nueve meses locos, y los que me quedan.
 
Y he aquí, tras mi historia, una petición de difusión, de ayuda a visibilizar y normalizar lo diferente, lo no normal, lo no visto antes. Qué por no tener pelo, porque te falte una pierna o porque tengas un ojo de cristal, no tengas que sentirte diferente. Qué por pesar o medir más o menos, por amar a tu propio sexo, por querer ser del contrario al que te tocó al nacer, qué por decidir ser tu mismo, no temas a sentirte rechazado. Porque el saber, el conocimiento, la educación, ayudan a empatizar con los demás, así cuanto más sepamos, más fácil y sencillo será todo, haremos la vida de los demás más feliz, y más felices seremos todos.
 
Quiero agradecer a mi familia y a mis más mejores amigas y amigos, a mis xuxis, mi sobri, el haber estado siempre ahí, atentos todo el tiempo, preocupados y llorando conmigo. Ayudándome a salir de este bache y aceptar este golpe, esta hostia de humildad y aprendizaje que me ha regalado la vida. Os amo a todos, pero a mis padres, ¡les debo tanto…! Soy así de fuerte y valiente, así de genial gracias a vosotros. Ahora soy una “genia” con su bola de cristal.
 
Este es un proceso impuesto por la sociedad, y yo nunca he sido de los que se dejan adiestrar. Mujeres y hombres sufren por ello, algo tan superficial como irreal. No va a ser a mí a la que encadenéis. Y es tan duro y difícil a pesar de saberlo… ¿por qué pesan tanto las convicciones?
 
Quiero, crezca mi pelo o no, estar en paz y vivir tranquila. Sólo eso.
 
Porque ésta no es una historia de pena ni apariencias. Porque, ¿qué más soy yo que mis risas y mi pronto, mi locura y mi pasión?
 
Nada…
 
Mi piel, mis ojos, mi pelo… os cuido. Mi alma, mi mente, mi corazón… os amo.
 
Y a pesar del dolor del mundo este de mierda que hemos creado, animo a la vida, a reír, a llorar, a caerse y levantar… a volar más alto, a dar patadas!!
 
Yo lo haré y, por supuesto, descalza y sin bragas.
 
Siempre Bruja, siempre Xula 😉

Marina Chicote Crego