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Vueltas de un confinado para cambiar de vida (3)

Algunos párrafos más de este relato.

En el texto publicado anteriormente, decía que han sido siempre los poderosos los que fundamentalmente han hecho el guion de nuestras vidas. A lo largo de la historia han ido seleccionado los medios más eficaces para manipularnos, y para que caminemos ciegamente por el sendero que nos han ido marcando.

Tiempo atrás empleaban las religiones para realizar esta tarea. Desde los púlpitos de las iglesias, atalayas de mezquitas, u otros templos de confesiones diversas, difundían sermones construidos fundamentalmente para meter miedo.

Hablaban en el nombre de poderosos dioses, omnipotentes y celestiales, que según contaban sus representantes en la Tierra, estos seres todo poderosos tenían la vida de las personas en sus manos y la capacidad para poderlas castigar y hacerlas sufrir eternamente. Si la conducta de los seres terrenales no era conforme a los dictados de las autoridades eclesiásticas, entonces habían cometido pecado y tenían que ser castigados en nombre de dios.

Divulgaban una moral que fundamentalmente proclamaba la sumisión de los vasallos a las leyes divinas, consistentes en evitar que los pueblos se opusiesen al sometimiento y humillación a los que les tenían sometidos, consiguiendo con ello controlar su voluntad para continuar explotándoles.

En nuestros días la dominación continúa, empleando para ello nuevos métodos, instrumentos tan poderosos como lo fueron las religiones o incluso más. Actualmente, los medios de comunicación de masas se han convertido en los nuevos dioses. Con ellos, las clases dominantes han adocenado a los progenitores de los millennial, principalmente a través de la televisión, medio preferido hasta ahora por el poder, para divulgar sus dogmas, creencias y políticas. 

Por medio de ella, han influido e influyen en las conciencias de las Gentes de forma intensiva y penetrante. Condicionan los criterios y opiniones, lanzando discursos ideológicos siempre de carácter conservador, que los poderosos construyen para divulgar sus mensajes morales y doctrinas económicas que de forma insistente repiten.

Además, hay toda una legión de analistas y tertulianos que van de los platós de las televisiones a los estudios de las radios, para divulgar en lo fundamental la misma idea. A través del discurso único, habitualmente dictado en esencia por el poder y el dinero, nos pretenden aleccionar para que aceptemos sin rechistar, sus recetas de recortes, explotación y sufrimiento.

Su alegato contiene fundamentalmente una doctrina, en la que se sostiene que no hay otra salida para superar las crisis que la empleada siempre, que históricamente ha consistido en hacer pagar a los trabajadores y trabajadoras los platos rotos.

En esta idea insisten una y otra vez, y la defienden empleando todo tipo de falacias y engaños, para convencernos, que la única política económica que puede hacerse es la de echar el peso de todas las crisis únicamente sobre las espaldas de las clases populares.

Por clases populares me refiero a la mayoría social de todos los países, a las personas y colectivos que están por debajo del pequeño grupo de multimillonarios que nos gobiernan, que no suponen más del dos por ciento de la población mundial.

Continuará el relato con algún artículo más.

Alfonso.

 

 

 

 

 

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